Varias Poesías, Hernando de Acuña

Con este título fueron publicadas en 1591, en Salamanca, por su viuda, las poesías del autor español Hernando de Acuña (15209-1580?). Amigo de Garcilaso, como éste sirvió al emperador Carlos V en sus continuas guerras, y por orden suya puso en verso, con el título de Caballero determinado, la traducción que en prosa había hecho el propio Carlos de Le chevalier déliberé.

A este respecto dice Ticknor: «Era Acuña hombre muy a pro­pósito para la misión que se le confió. Há­bil cortesano y muy experimentado en las cosas de palacio, omitió algunos pasajes de la versión que hubieran sido poco intere­santes para su amo, y añadió otros que debieron ser más de su gusto, principal­mente los relativos a don Fernando y doña Isabel, y al archiduque don Felipe, padre de Carlos V. Poeta fácil e ingenioso, puso la prosa del Emperador en las antiguas quintillas dobles, con tal pureza de estilo y abundancia de dicción, cual no es fácil encontrarla en escritores de la misma épo­ca». En su poesía amorosa resuena la in­fluencia de Garcilaso, y como éste sintió la extraña atracción de las tierras germánicas. Pero por encima de sus poesías de carácter pastoril y amoroso destaca el famoso Soneto al Rey Nuestro Señor, que — al decir de Valbuena Prat — «condensa en sus dignos y sobrios versos el ideal de la unidad imperial y católica de los Austrias españoles»:

«Ya se acerca, señor, o ya es llegada/la edad gloriosa en que promete el cielo/una grey y un pastor solo en el suelo/por suerte a nuestros tiempos reservada./Ya tan alto principio en tal jornada/os muestra el fin de vuestro santo celo,/y anuncia al mundo para más consuelo,/un monarca, un impe­rio y una espada./Ya el orbe de la tierra siente en parte/y espera en todo vuestra Monarquía/conquistada por vos en justa guerra,/que a quien ha dado Cristo su es­tandarte/dará el segundo más dichoso día/ en que, vencido el mar, venza la tierra».

Aparte de tratar temas mitológicos en sus sonetos (Endimión, Hero y Leandro, Ícaro, etcétera), compuso dos poemas mitológicos, uno de ellos sobre Narciso — que tiene evi­dente relación con el de Gregorio Silvestre (v. Obras) —, en que sigue el texto de Ovi­dio, y otro titulado La contienda de Ayax Telamonio y de Ulises, sobre las armas de Achiles (v. Ayax Telamón).

Variedad, Paul Valéry

[Varieté, I, II, III, IV, V]. Título que Paul Valéry (1871-1945) ha dado a los cinco volúmenes de ensayos que reúnen parte de sus escritos en prosa, has­ta 1944.

El primer volumen (1924) es indis­cutiblemente el más interesante, recogiendo y reflejando en sus páginas los temas y las cualidades características de este raro y sutil ingenio. Contiene el largo ensayo Introducción al método de Leonardo da Vinci (v.), el cual puede considerarse (junto con la «Nota y Digresión» que lo precede) como la verdadera introducción y el pro­grama de toda la obra de Valéry. Los otros escritos deben ser todos considerados como obras de circunstancias, es decir, como debidas a una invitación o a un impulso externo a tratar un tema determinado, lo cual responde perfectamente al tempera­mento y al ingenio de Valéry, espíritu inte­resado en toda suerte de problemas y típi­camente llevado a imponer a los más diver­sos temas su mentalidad. Así lo vemos en «La crisis del espíritu» [«La cruce de l’esprit»]f apasionado analista de aquel conjunto de tradiciones y de innovaciones, de aquellos hechos espirituales que forman el tesoro de la civilización europea, la cual se le antoja trágicamente amenazada por la lucha política y por los excesos teóricos a que es arrastrada por su mismo desarrollo.

Páginas que se han hecho famosas no sólo por el lúcido rigor de un pensamiento, sino sobre todo por la sincera angustia con que él, «europeo», señala los términos e indica las posibilidades de un tan difícil y compli­cado problema. En el ensayo «Acerca del Adonis» [«Au sujet d’Adonis»], estudiando el pequeño poema de La Fontaine, aporta un nuevo argumento en favor de su teoría de la importancia de las «reglas» en poesía, con el valor de la obligación y el fruto de las dificultades superadas, precisando una de las bases del clacisismo contemporáneo. La imagen que traza de La Fontaine poeta es característica: «el autor del Adonis (v.) no puede ser más que un espíritu singular­mente despierto, todo delicadeza y bús­queda»; llega por este camino a considerar al poeta de las Fábulas (v.) como un maes­tro de su más joven amigo Racine; y su te­sis, de un La Fontaine atentísimo a los problemas del arte, no desprovista de no­vedad, ha sido confirmada por la crítica más reciente.

El «Avant-Propos» (prefacio al volumen de Lucien Fabre, La connuissanee de la Déesse) es un extenso estudio sobre el origen y evolución del Simbolismo (v.), no muy original ni en su base ni en su contorno, pero rico de ingenio en los juicios particulares y de felices definiciones. «Acerca del Eurêka» [«Au Sujet d’Eurêka»] es una variación sobre el conocido «poema cosmo­gónico» de Poe, que le da ocasión de refor­zar con las citas de un maestro las ideas sobre el conocimiento por él profesadas. El volumen es completado por una «Variación sobre un pensamiento» [«Variation sur une Pensée»], elegantísima digresión lírica sobre un pensamiento de Pascal, y por un «Home­naje» [«Hommage»], breve escrito ágil y penetrante motivado por la muerte de Proust. El segundo volumen (1929) acentúa el carácter fragmentario y episódico del pensamiento crítico de Valéry. En él, des­cuidando los argumentos filosóficos, se en­trega con preferencia a temas literarios.

En el «Fragmento de un Descartes» [«Fragment d’un Descartes»] se libera fácilmente de la obra maestra de Descartes, con una elegante frase («discurso casi incorruptible, como todo lo que se ha escrito con exactitud»), para reducirse a una sabrosa variación so­bre la vida del filósofo; argumento que se recoge de nuevo con sugestiva agilidad in­mediatamente después en el «Regreso de Holanda» [«Retour de Hollande»], en el que patéticos recuerdos de Descartes y de Rem­brandt son evocados sobre el fondo de la ciudad de Amsterdam. El estudio sobre Bossuet, celebrado como maestro insuperable de estilo, la nota sobre La Fontaine «Ora­ción fúnebre de una Fábula» [«Oraison fu­nèbre d’une Fable»] y el «Prefacio a las Cartas Persas» [«Préface aux Lettres Per­sanes»] confirman la cada vez más acen­tuada tendencia del autor, hacia una suerte de clasicismo intelectualista. Los dos ensa­yos más extensos del volumen son el «Sten­dhal» y la conocidísima «Situación de Bau­delaire» [«Situation de Baudelaire»].

En el primero, con mimetismo característico, se abandona a una serie de digresiones ora frívolas y triviales, ora penetrantes y origi­nales (es notable el estudio sobre el ego­tismo), elevando de vez en cuando el tono de sus divagaciones con golpes de sonda caprichosos y seguros. El largo escrito sobre Baudelaire, pese al aparente rigor del tra­tado, no sale en realidad de los esquemas tradicionales: el poeta de las Flores del mal (v.), el teórico de las Curiosidades esté­ticas (v.) y del Arte romántico (v.), es casi exclusivamente considerado en su oposición al romanticismo, y su enorme influencia sobre toda la poesía posterior aparece más bien afirmada que demostrada. Las más be­llas páginas del ensayo son las que hablan de Poe y de Hugo. De hecho, el arte de Valéry ensayista aparece realmente vivo y precioso, sugestivo y brillante, justamente cuando se trata de reevocar ciertos aspectos fugaces y significativos, ciertos gestos ejemplares, momentos de vida y pulsación de alguna figura literaria que haya atraído sobre ella su curiosidad, o conquistado su atención o su afecto.

Así, el vértice de este volumen, y quizás los aciertos más genuinos de toda la prosa de Valéry, hay que señalarlos en las breves páginas sobre Verlaine, sobre Huysmans, y sobre todo en los apasionados homenajes a Mallarmé, donde es menester buscar el verdadero origen de tantas y tan­tas convicciones de Valéry, hombre de pensamiento y poeta. El tercero, el cuarto y el quinto volúmenes (1936, 1938, 1944) bien poco añaden al conocimiento esencial del es­critor, aun cuando su proverbial y consuma­da habilidad de estilista renueva acaso de página en página con notable felicidad los sabidos encantos.

Hay en ellas todavía un cariñoso recuerdo de Mallarmé; un retorno al tenaz mito leonardesco «Leonardo y los filósofos» [«Leonard et les philosophes»]; un grupo de escritos en el que, comentando su obra de poeta (el Cementerio marino, v.; Cármenes, v.; la Joven Parca, v. Poesías) o tratando del arte poético en general («El problema de la Poesía» [«Question de Poésie»], «Poesía y Pensamiento abstracto» [«Poésie et Pensée abstraite»]) desarrolla su reiterada teoría de la «Poesía pura»; insis­tentes y penetrantes llamadas a la vida intelectual «La política del Espíritu» [«La poli- tique de l’Esprit»], «El balance de la Inte­ligencia» [«Le bilan de l’Intelligence»]; y después, sobre todo en el cuarto y quinto volúmenes, discursos, fruto de su actividad de académico y conferenciante, sobre los más diversos temas: Goethe, la Historia, la Ciencia y el Arte, e incluso un curioso y elegantísimo «Informe sobre el precio de la virtud» [«Rapport sur les Prix de Vertu»]… El tercer volumen contiene además dos es­quemáticos «melodramas»; Amphion y Sémiramis.

M. Bonfantini

Leer a Valéry significa ante todo sentirse constreñido al más severo examen de con­ciencia intelectual, y haciendo este examen de conciencia es cuando tenemos las mayo­res probabilidades de comprender en qué disciplinas se aguza la punta, el poder de penetración de este espíritu tan completo y a la vez tan singular. (Du Bos)

De la Variedad de las Cosas, Gerolamo Cardano

[De varietate rerum]. Vasta enciclopedia cientí­fica compuesta por Gerolamo Cardano (1501- 1576) en 1556, y publicada en Basilea en 1557, en diecisiete libros.

Entre las doscien­tas veintidós obras de Cardano, especial­mente de Medicina, es ésta la más impor­tante. En ella resume o incorpora el mate­rial de su obra De la sutileza (v.). Es una verdadera mina de noticias sobre el estado de la ciencia de su tiempo, combinada con sus experiencias y descubrimientos de geo­metría, matemática, física, y con disertacio­nes sobre sus variados inventos, y también sobre sus propias ideas, creencias, supersti­ciones acerca de las propiedades y virtudes ocultas de la materia, las simpatías entre los cuerpos, adivinación, los horóscopos, la quiromancia, etc.

Trata también, en diferen­tes libros, de las propiedades admirables del agua y del aire, y la utilización por el hom­bre de los elementos (I libro); las propie­dades de la luz, las influencias de las estre­llas, con discusiones sobre el poder de los demonios, la influencia de la Luna, las ma­reas (II); las propiedades de los «cuerpos mixtos» con innumerables cuestiones sobre los olores, los sabores, las cualidades del vidrio, la leche, la sangre (III); las «prodi­giosas cualidades de las piedras para pre­sagiar los acontecimientos», la transforma­ción del agua del mar de salada en dulce (V); las extraordinarias cualidades de algu­nas plantas y sus modos de cultivo (VI); las propiedades de los animales, sus extra­ñas costumbres (VII); la curación supers­ticiosa de algunas enfermedades extrañas del hombre, y la discusión sobre la natu­raleza de los sueños y su valor (VIII); los «artificios» o industrias del fuego, y «comu­nes»; las extraordinarias virtudes y propie­dades del fuego, de los fenómenos químicos y las varias artes comunes; a continuación los «artificios» más sutiles: de ahí el capí­tulo sobre la ocultación, comprendidas la estenografía y la prestidigitación (XII); a los que siguen los «artificios más humildes»: la averiguación del material y los instru­mentos para escribir, fabricación de tintas, etcétera, la tipografía, las varias artes de embellecerse, de quitar las arrugas, hacer crecer y teñir los cabellos, volver blancos los dientes, de los cosméticos, los perfumes, etcétera. El libro XIV, tenido en gran fama, versa sobre «la adivinación más oculta», que abraza incluso «las señales y portentos» de les elementos; y es notable en Cardano, además de la repudiación de la hipótesis demoníaca para la explicación de los orácu­los entre los paganos, que sustituye por* la astrológica, el sentido crítico que en oca­siones muestra, en la interpretación, por ejemplo, de las visiones, para las cuales insinúa la hipótesis que hoy llamaríamos alucinatoria.

Interesantes son los casos refe­ridos de «monstruos» animales y humanos; el de la epidemia colectiva simultánea por «poseimiento» de las setenta alumnas de un pensionado de Roma, que llevaba dos años de duración, para la que insinúa la hipó­tesis de una infección del agua y del aire, o, como alternativa, la de un engaño. Sigue el libro no menos célebre (XV) «de la adi­vinación artificiosa»: los presagios de muer­tes y desgracias, el tratadito de quiroman­cia, y sobre todo el de «los hechiceros, brujas y agoreras», de los que, después de referir numerosos casos corrientes y en su tiempo generalmente admitidos, expone su opinión de médico y psicólogo de que «la mayor parte de éstos es fabulosa e inven­tada», y que en los procesos de brujas sus propias confesiones son mentirosas, incohe­rentes y sin valor; por lo mismo, aprueba la reforma judicial del Senado veneciano, que suprimió la causa principal de tales acusaciones, esto es, la confiscación de los bienes de las víctimas en favor de los acu­sadores y jueces en común.

En cuanto a los «milagros», de los que refiere un gran nú­mero, es notable que les dé como motivo de credulidad el hecho de que éstos no sean más maravillosos que tantos otros portentos y fenómenos de la naturaleza; respecto a la «resurrección de los muertos», se trata, dice, «de personas creídas muertas a juicio de los sentidos». Curiosos son los varios modos y trucos para hacer aparecer espectros, simu­lar muertes e imitar prodigios; las maneras de obtener sueños verídicos y oráculos y presagios de tempestades. Es interesantí­sima en la enumeración de lo que ayuda a «los oráculos naturales», la referencia a las enfermedades, «en las que quizás, como en los sueños, el alma se libera de los vínculos terrenales». En el libro XVI («sobre las cosas sobrenaturales maravillosas») acu­mula curiosísimas noticias de magia natu­ral, encantamientos y supersticiones, expo­niendo numerosos casos de fenómenos psí­quicos o físicos anormales, referidos, examinados, discutidos…

Cardano cierra este copioso y enredado barullo dando gracias a Dios de que se haya servido ayudarle a componer este tratado, que es un precioso y curiosísimo documento: mezcolanza de extrañas fantasías y de rigurosas observa­ciones científicas, de geniales indagaciones personales y de fácil credulidad hacia una fabulosa tradición, de Edad Media y de Renacimiento.

G. Pioli

De las Variantes, Marc-Antoine Muret

[Variae lectiones]. Obra filosófica latina en ocho libros del hu­manista francés Marc-Antoine Muret, lati­nizado Muretus (1526-1585), publicada en Venecia en el año 1559.

Es un documento de la cultura italiana de fines del siglo XVI y de la actividad tipográfica de los Manuzi; el autor, que mantenía relación con los doctos de su tiempo y con la famosa casa editora, no solamente ofrece los resultados de sus estudios particulares como filólogo, sino también su interés como crítico, en numerosos problemas y discusiones. Al exa­minar las «variantes» de fragmentos grie­gos y latinos, Muret muestra un amplio conocimiento de la tradición de los manus­critos, de la sintaxis antigua y de las di­versas propiedades del léxico. Comparando entre sí los numerosos textos, bien históri­cos, bien literarios o sagrados, el investiga­dor trata de completar o reconstruir la lección genuina de una obra. Es importante la valoración de los testimonios históricos, en virtud de los cuales, por ejemplo, es posible enmendar una laguna de Varrón, gracias a una cita hecha por Nonio.

Junto al carácter fundamental de la obra, el de la crítica conjetural en torno a las varian­tes, Muret revela su amplia cultura en disquisiciones y ensayos particulares re­unidos como apéndice del tratado. La dedi­catoria del libro al cardenal Ippolito d’Este recuerda los años de estudio pasados por Muret en la búsqueda filológica y en la admiración de las grandezas antiguas. La exigencia estrictamente científica de la investigación, que hace de esta obra una de las primeras afirmaciones de la ciencia filosófica moderna, no impide que el huma­nista francés se sienta captado por completo por el ideal de una pureza clásica, que llega a él a través de mil voces de la historia en un cuadro admirable por su armonía y belleza.

C. Cordié

Las Varias Formas de la Experiencia Religiosa, William James

[The Varieties of Religious Experience: a Study in Human Nature]. En este famoso libro, publicado en 1902, William James (1842 – 1910), creador del Pragmatismo (v.) americano, estudia, desde el punto de vista del alma religiosa misma, las alteraciones de personalidad que nos ofrece la vida religiosa.

La patología ha puesto de manifiesto una extraña facultad de la conciencia humana, que consiste en la posibilidad, en determinados sujetos, de entrar en comunicación con otras concien­cias. Tal propiedad es para James la base psíquica de la vida religiosa: la religión es esencialmente una forma de vida de la con­ciencia individual, en la que el yo se siente modificado hasta lo más profundo; es una experiencia que varía radicalmente de in­dividuo a individuo. Entre los principales aspectos de tal experiencia, James se de­tiene a examinar: la alegría espiritual’ pro­funda e inconmovible; la curación de enfermedades morales y físicas; el sentimiento del pecado; la lucha del alma cuan­do advierte en sí misma dos personalidades en pugna; la conversión, que sustituye una determinada personalidad por otra nueva y superior; la santidad; la vida mística espi­ritual, en la que el hombre tiene conciencia de vivir la vida misma de Dios; la oración, que modifica el curso de nuestros senti­mientos y de las mismas cosas.

En estos diversos fenómenos, el individuo tiene con­ciencia de entrar en relación con potencias inconmensurablemente superiores a su natu­raleza; la conciencia religiosa es, en el fon­do, la conciencia humana que se siente en comunión con Dios y, a través de Dios, con las otras conciencias humanas, en las que puede penetrar por un milagro de amor. Mientras la experiencia psicológica se limita al yo finito, la experiencia religiosa contempla cómo la personalidad se ensancha a través de una relación de pe­netración y comunión entre ella y las per­sonalidades superiores. Mas la experiencia religiosa no está completamente separada de la psicológica: existe entre un individuo y los demás una región intermedia a la que se pueden reducir las intuiciones del genio y los postulados metafísicos de nuestra ex­periencia física o psicológica. Así como el hecho fisiológico representa para el psicó­logo sólo una parte de la conciencia, así el hecho psíquico puro y simple representa, desde el punto de vista de la conciencia religiosa, la manifestación de un yo capaz de entrar en la vasta comunión de las per­sonas. Bajo la apariencia de las leyes fijas de la materia está el influjo de la conciencia; bajo las conciencias, separadas entre sí, de los individuos, está la recíproca penetración de las conciencias, coexistente con su indi­vidualidad en la esfera de lo espiritual y de lo divino.

Hay en este libro, como en todas las otras obras de James, el sentido vivo del fluir de la vida; su valiente aceptación del lado subconsciente de la natura­leza humana es un aspecto de la rebelión americana de su tiempo contra los esque­mas rígidos, el culto del dato y la abstracta rigidez puritana. [Trad. española con el tí­tulo Fases del sentimiento religioso. Estudio sobre la naturaleza humana (Barcelona, 1907-1908)].

A. P. Marchesini