Romanticismo, Gerolamo Rovetta

Drama histórico de Gerolamo Rovetta (1851-1910), representado en 1901. Nos hallamos en el Lombardo-Véneto, el año 1854. El conde Vitaliano Lamberti (v.) querría acercarse a los patriotas, pero siente desconfianza hacia ellos como hijo de la vieja condesa Teresa, que es una súb­dita fiel a la Casa de Austria y sufre en silencio. Una tarde, en la farmacia Ansperti de Como, donde se reúnen los conspirado­res, consigue hacerse oír y se une a ellos.

Así se deshace también el velo de sombra que parecía separarle de su esposa Ana, una patriota que se veía obligada a vivir en el ambiente austrófilo de la villa Lamber­ía, cerca de Milán, donde imperaba la vieja condesa Teresa, y que se creía desatendida por su marido. En aquel período de soledad y equívocos, ella había aceptado la de­vota amistad de Cezky, un exilado polaco, secretario de Vitaliano, y en el mismo día en que se siente unida al marido por la comunidad de fe, se ve obligada a rechazar indignada las apasionadas proposiciones del polaco, que hacía tiempo mantenía oculta una violenta pasión. Cezky, exasperado, de­nuncia a Vitaliano, y luego, incapaz de so­brevivir a sus remordimientos, se mata. En vano el conde de Rienz, viejo amigo de la condesa Teresa y funcionario imperial, avi­sa a ésta de que su hijo está a punto de ser detenido como uno de los jefes de la próxima insurrección; Vitaliano se niega a huir, y en el coche preparado para él hace escapar a Giacomino, sobrino predilecto de Teresa, cuyos sentimientos de italianismo se expresan con juvenil alegría y que pasa por sospechoso a causa de un reciente duelo con un oficial austríaco; de este modo po­drá avisar del inminente peligro a cuantos compañeros pueda. Vitaliano espera impa­sible su destino, y en el momento del su­premo dolor puede sentir su completa fu­sión espiritual con la esposa y con la an­gustiada madre.

Romanticismo fue para las generaciones que habían encontrado ya for­mada a Italia, la pequeña epopeya dramá­tica del «Risorgimento»; era la forma bur­guesa del drama patriótico, que hizo olvi­dar las producciones que habían sido la más directa expresión del período, anquilo­sadas en su forma clasicista o demasiado coloreadas con motivos populares. Por la habilidad de la estructura, por la conmo­vedora evocación de un ambiente y por la vivacidad de los personajes, mereció la fama que obtuvo, aunque el espíritu del «Risor­gimento» se haya limitado a los tonos pa­téticos, sin sentir su más dramático y pro­fundo significado histórico.

U. Déttore