La Época de Constantino el Grande, Jacob Burckhardt

[Die Zeit Konstantins Des Grossen]. Obra del historiador suizo publicada en Basilea en 1856. Es un vasto y movido cuadro de la decadencia del mundo pagano, sobre cuyas ruinas se va edificando la sociedad cristia­na.

La simpatía del autor por la época clásica, le hace atender más a sus últimos esplendores que a la luz que surge del nuevo mundo cristiano. La vigorosa polé­mica contra las tradiciones apologéticas de los primeros escritores cristianos, a veces le lleva a conclusiones que no resisten una investigación más rigurosa (por ejemplo la suposición de que las persecuciones de Diocleciano fueron motivadas por un complot, real o presunto, de los cristianos para adueñarse del imperio). Se dedica un gran es­pacio a estudiar la labor reformadora de Diocleciano, cuya figura se eleva en medio del universal desorden, quedando casi en segundo plano la de Constantino. La obje­tividad con que es tratada la obra de éste, no deja subsistir nada de su tradicional y edificante aureola, aun reconociendo su auténtica grandeza en sus excepcionales dotes de político audaz, las cuales explican su defensa del cristianismo.

El triunfo del cristianismo recibe su justificación histó­rica por haber puesto los restos de la he­rencia clásica a resguardo de la barbarie, que de no haber sido asimilada por él, todo lo hubiera destruido. Falta, o apenas si está indicado, un cuadro de la nueva sociedad cristiana; las cualidades del historiador y del escritor, refulgen sobre todo en la bri­llante y hasta nostálgica pintura de la deca­dencia del paganismo, nutrida de una eru­dición que, sin apagar sus colores, permite al autor seguir todas las transformaciones de los viejos cultos, recoger fielmente los nuevos que pululaban en aquella sociedad en descomposición, aunque su rigor moral le lleve a condenar la repugnante obscenidad de algunas de sus formas. Con justeza pone de relieve la importancia histórica de las religiones orientales de los misterios, el culto del Sol, de Adonis, de Cibeles y el más importante de todos, el de Mitra, re­ligiones en las que se refugiaban los áni­mos, sofocados por la creciente corrupción del Bajo Imperio, ansiosos de salvación; es­tado de ánimo que contribuyó a preparar el triunfo definitivo del cristianismo.

G. Cardona