Epos de los Destinos, Eugenio d’Ors

Obra del es­critor español. Como el autor advierte en uno de sus prólogos al Epos (el de 1942), las páginas de esta obra se escribieron entre los años 1926 y 1933; «quiere decir, cuando su autor se encaminaba, paso a paso, hacia el medio siglo de edad y llegaba a sus puertas».

Las páginas, magistrales, del Epos se refieren a Goya, a los Reyes Ca­tólicos y al Licenciado Torralba («Eugenio y su demonio») No son, como puede esperarse del gran don Eugenio, catalán uni­versal, páginas ceñidas a la historia y, cuando más, con el acompañamiento de la crítica, aunque tal crítica sea de la mejor ley para «situar» convenientemente ante el lector la historia a que se refieren se­mejantes páginas; sino que, como el pro­pio autor advierte, los acontecimientos históricos a que se refieren las figuras es­tudiadas son vistos, con sus protagonistas, a la luz de la «adivinación»: el autor se «mete» dentro del tiempo, de los que lo vivieron tan señeramente, y nos cuenta, con soberbia intuición, la verdad de todo; una verdad que se escapa al biógrafo fiel y ceñido a la historia, una verdad que va más allá del lienzo que recoge las figuras biografiadas: una verdad, en suma, que sólo un poeta, y de la categoría de D’Ors, es capaz de adivinar y de mostrar.

Por el maestro D’Ors, sabemos más de Goya, más de Isabel y Fernando, del Licenciado Torralba y de su gran demonio. El Destino ha sido el colaborador del autor del Epos. «¿Qué significa referir la existencia de un personaje? —pregunta D. Eugenio en su primer prólogo, el de 1934—. No ligar a su identidad una colección de episodios, sino contrastar los tales episodios con el principio unitario, en que se formula esta identidad. No sumar unos tras otros los acontecimientos, sino el hilo en que estos acontecimientos se engarzan. Descubrir una personalidad, más que retratar a un individuo. No descubrir, en realidad, sino definir.

Habrá que definir a Goya, habrá que definir a los Reyes Católicos; asu­miendo respecto de uno como de los otros, la dispersión de una ventura en el pro­blema de un destino.» He ahí, pues, la verdadera definición de lo que es el Epos de los destinos. Eugenio D’Ors, el catalán universal, en lengua castellana llegó a ser un conciso dominador de la prosa. Un an­helo clásico, un perenne acicate de reno­vación, su tendencia —en arte y en pen­samiento — a lo universal y eterno encar­nó en su clasicismo —una de las ansias perpetuas de lo catalán desde la Edad Me­dia— lleno de contención, de línea y de sistema. Como estilista, empleó formas concisas pero jugosas; rápidas, apretadas, sutiles, seguras. El Epos de los destinos es una de sus obras más acertadas, seguras, y llenas de intuición: de adivinación, como él mismo la consideró.

C. Condé