El directorio, Albert Mathiez

[Le Directoire]. Es la segunda, por orden de importancia, de las grandes obras históricas del autor, publicada en edición postuma en 1934, y continuación de la Revolución francesa (v.). Siguiendo un sencillo cuadro de los «hechos» en su aspecto superficial, tal como podrían resultar de una anónima y minuciosa narración cronológica, Mathiez lleva a cabo un cuidadísimo examen de todos los elementos y todas las fuerzas que en aquel determinado período histórico es­tán en juego: de las condiciones económicas a la legislación, del precio del pan a los caracteres de los individuos.

Todo esto está agrupado necesariamente en un número de­terminado de temas predominantes que nos dan importantísimos capítulos: «La heren­cia de la revolución». «Los métodos admi­nistrativos del Directorio», «El personal del gobierno», «Las administraciones locales», «La política financiera» (estudio éste de particular profundidad, con una extensa digresión referente a los «negocios» de la época, bajo el título epigramático de «La République au pillage»). Con todo ello se entrelaza el estudio de los hechos políticos en el sentido estricto de la palabra («La oposición de la izquierda», «Babeuf y el complot de los «Iguales», «La oposición de la derecha», «La política religiosa», «Las elecciones del año V», «El golpe de estado del 18 Fructidor…»).

Cada uno de estos temas es tratado con un sentido tan se­guro de la complejidad de los fenómenos históricos, que la síntesis se construye casi por sí sola sobre los resultados de las in­vestigaciones particulares. De especial im­portancia son las agudísimas aclaraciones sobre el funcionamiento del Directorio en relación con la personalidad de cada uno de sus miembros, el inigualable análisis del problema financiero, el episodio de Babeuf puesto en su justo lugar con la destrucción del tradicional «tipo» comunista. Por estos resultados y además por el valor del méto­do, por la claridad de exposición y por la finura psicológica, el libro de Mathiez pue­de en verdad considerársele ejemplar.

M. Bofantini