Doña Blanca de Navarra, Francisco Navarro Villoslada

Novela histórica del escritor español, publicada en 1847. Contiene, como todas las que le ins­piró la Crónica Compostelana, gran sabor arqueológico. La triste historia de la Prin­cesa de Viana, perseguida hasta la muerte por la ambición de su hermana doña Leo­nor — matadora también del hermano que debía ocupar el trono de sus antepasados —, empeñada en ceñir la corona de Navarra pasando por encima del engaño y del cri­men, desfila en las páginas (muy bien es­critas y que interesan profundamente al lec­tor amigo de las viejas crónicas) de la obra de Navarro Villoslada, inspirada, como dijimos, en una crónica del siglo XV.

El fiel enamorado de la Princesa de Viana, bas­tardo a su vez del rey de Aragón, don Al­fonso el Magnánimo, Jimeno, que lucha heroicamente para liberar a su dama de las terribles asechanzas fraternas que acabarán con su vida, nos ofrece una doble faz en el transcurso de la novela: como Jimeno, amante y valeroso, noble y confiado; como don Alfonso —ya en la segunda parte-de la obra —, vengador y justiciero, con la crueldad propia de la época, común a todos los personajes. Las infatigables escaramu­zas entre navarros y castellanos, terminaron, por fin, cuando subió al trono de una España unificada Femando el Católico.

Pero la crónica de los años anteriores a la tan deseada y necesaria unificación, es rica en comentarios^ y anécdotas que nos mues­tran hasta qué extremo la pasión por el poder conduce a lastimosos estados a prín­cipes y magnates, a políticos y a reyes y reinas cuya moral no tiene nada de cris­tiana. Doña Blanca de Navarra, repudiada por un torpe rey castellano, perseguida y muerta por su propia hermana, es un sím­bolo de su tiempo. La bella y melan­cólica figura de la víctima ilumina con ternura las páginas de su crónica.

C. Conde