Del Estado de la Religión y de la República bajo Carlos V Emperador, Johann Philippi

[De statu religionis et reipublicae Carolo quinto Caesare]. Es la obra más importante del historiador alemán y base funda­mental para la reconstrucción histórica de la agitada primera mitad del siglo XVI y, más especialmente, de los orígenes y del desarrollo de la Reforma.

Escrita por invi­tación de Felipe de Hesse, Philippi supo aprovechar el rico material documental recogido en Inglaterra, Francia, alemania y durante su participación (1545) en el Concilio de Trento, donde representó a las ciudades de Estrasburgo, Esslingen, Ravensburg, Lindau, etc. Partidario de la Reforma, compiló esta historia con una precisa y seca documentación y una impar­cialidad rara en aquel siglo, por lo cual no gustó a nadie, y mucho menos a Melanchton. Dedicada al príncipe elector Augusto de Sajonia, empieza con el comentario sobre la contienda por la venta de las indulgen­cias, del papado de León X y de las polé­micas de Lutero; para llegar con el li­bro XXVI (publicado después de la muerte del autor) al pontificado de Pablo IV.

Ter­mina el libro con la apertura de la dieta de Ratisbona por el Elector Palatino, mientras Carlos V, acompañado por sus hermanas, se retira a España, después de entregar el gobierno del Imperio a su hermano Fernando y la administración de los Países Bajos a su hijo Felipe. De capital impor­tancia son los primeros cuatro libros y el XVI, donde se narra la muerte del re­formador alemán, en los que destaca la falta de habilidad y perspicacia de la Cor­te de Roma frente a Lutero; quien, a co­mienzos de su rebelión, no tenía ninguna intención de ir más allá de la cuestión de las indulgencias, y no pensaba en absoluto en el gran movimiento de demolición y renovación que siguió más tarde. En con­junto, la obra aclara muchos puntos oscu­ros y pone de relieve la gran cantidad de pasiones materiales, de ambiciones políti­cas y mundanas que entraron en juego en los comienzos de aquel movimiento de tan amplia y secular importancia. Tenemos de la obra dos traducciones francesas: una de 1558 y otra, no tan buena, aunque con nu­merosas notas y amplios comentarios, de 1767.

G. Martinelli