[Vingt mille lieues sous les mers]. Novela de aventuras de Jules Verne (1828- 1905), publicada en 1870. Forma parte de una trilogía en que la sigue La isla misteriosa (v.) y la precede Los hijos del capitán Grant (v.). Para liberar los océanos de un monstruo marino de proporciones grandiosas, los Estados Unidos ordenan que salga la fragata «Abraham Lincoln», invitando a que participe en la expedición el naturalista francés Aronnax, que embarca con su fiel criado Conseil.
Al llegar cerca del monstruo, el buque casi va a pique, mientras una oleada formidable arrolla al sabio, a Conseil y al arponero Ned Land, que van a parar sobre la que creen ser la espalda del monstruo y que es en realidad la cubierta del submarino «Nautilus». Los hospedan en el interior del mismo, donde viven diez meses. Tanto la tripulación como su capitán Nemo (v.), ideador del «Nautilus», parecen hombres alejados de todo trato humano por una feroz misantropía. Con ellos pasan por debajo del istmo de Suez, todavía sin abrir, ven la misteriosa ciudad de Atlántida, los antiguos buques hundidos con sus tesoros, luchan contra caníbales y pulpos gigantes, cazan en los bosques submarinos y asisten a un entierro en un cementerio de corales. A su desesperada nostalgia de la tierra se añade el horror hacia su apresador, el día en que el capitán Nemo hunde un buque con toda su tripulación. En este punto alguna que otra alusión a la historia del capitán Nemo hace comprender que se trata de un príncipe indio que, desposeído por los ingleses, que mataron a los suyos, va persiguiendo con su odio a sus buques.
Finalmente Ned Land, Conseil y el profesor Aronnax consiguen embarcar en un bote para escaparse; el «maelstrom» los aleja del submarino y por milagro consiguen llegar a una de las islas Lofoten, y de allí a Francia. El libro, uno de los mejores de Verne, está escrito con una sorprendente fantasía dramática. La figura del capitán Nemo, que llora delante del retrato de una joven mujer y dos niños, tras asistir al naufragio del buque que acaba de hundir, vengador despiadado, odiador del género humano, que entrega oro a los griegos insurrectos y planta su bandera negra en el Polo Sur conquistado, es muy viva, bosquejada con todos los matices del héroe romántico, sin carecer de algún que otro rasgo de ese superhombrismo que tanto gustaba a la literatura del tiempo.
A. Fabietti

