En París en 1620, asimismo con el título de Segunda parte del Lazarillo. Luna, que enseñaba español en París, se propuso no sólo continuar la primera parte de la novela, sino también depurar su lengua, que le parecía «más francesa que española». Lázaro deja Toledo para dirigirse a Argel; en Cartagena encuentra a su escudero, que le hace objeto de una burla. Se embarca y naufraga, como en la primera Segunda Parte. En el fondo del mar encuentra un tesoro y mientras intenta sacarlo a flote es capturado por unos pescadores que lo ponen en un recipiente lleno de agua, y, con el permiso de la Inquisición, lo pasean por toda España, haciéndolo pasar por un monstruo mitad hombre y mitad pez. Lázaro intenta en vano librarse de los pescadores, los cuales amenazan con quemarlo como criatura embrujada y lo hunden en el agua cada vez que intenta hablar. Por fin logra escapar y después de obtener una parte de los beneficios que las uñas del clero han dejado a los pescadores, regresa a Toledo, donde sorprende a su mujer con el arcipreste, y se va entonces a Madrid a hacer de faquín, aconteciéndole curiosas aventuras que completan el impresionante cuadro de la corrupción de la época.
La continuación de Luna es una sátira feroz contra la Inquisición española y contra la hipocresía del clero. Y aunque también está lejos del arte sobrio y vigoroso del primer Lazarillo, esta segunda parte logra a menudo verdadera fuerza representativa. Pero la fantasía del escritor cede ya a la anécdota y se siente el artificio de un arte más hábil y más cuidadoso de sus efectos.
C. Capasso

