Perceval, Chrétien de Troyes

«Román» francés del Ciclo bretón (v.), comenzado por Chrétien de Troyes (siglo XII) y continuado, después de su muerte, por un autor anónimo y por Vauchier de Denain, Manessier y Gerbert de Montreuil, en el siglo XIII. Luego fue reelaborado en prosa con el mismo título.

Consta, en conjunto, de cerca de cuarenta y cinco mil octosílabos de rima pareada. Perceval (v.), después de la muerte de su padre y hermanos, muertos en empresas caballeres­cas, fue educado por su madre en un bos­que, en completo aislamiento, a fin de que ignorase para siempre la vida y los deberes de la caballería. Pero un día el muchacho, que crecía sencillo de espíritu y puro de corazón, encuentra a unos caballeros, se en­tusiasma con sus armas y quiere ir con ellos a la corte del rey Artús (v.). Deja a su madre que, después de darle los últimos consejos, muere de dolor; llega a la legen­daria corte vestido de campesino, gana sus primeras armas matando con un dardo a un caballero y, mientras se las pone, una mu­chacha, que no debía reír hasta que no se le apareciese el caballero más valeroso y más puro, despliega por primera vez sus labios con una sonrisa.

El sabio Gornemant lo arma caballero; Blancaflor, su sobrina, se enamora del joven que la ha salvado de un enemigo, pero él la deja, deseando vol­ver a ver a su madre, cuya muerte ignora. Comienzan así las aventuras de Perceval, que, guiado por el rey Pescador, llega a un misterioso castillo, donde se le aparece la procesión del Graal (v. Historia del Graal),el sagrado vaso en el que José de Arimatea (v.) había recogido la sangre de las llagas de Cristo crucificado. El sencillo Perceval, ignorando aún que había sido predesti­nado a liberar el Graal, no cuida de pre­guntar qué es aquello; al día siguiente, todo desaparece y el héroe debe continuar sus peregrinaciones.

Durante este segundo pe­ríodo, en el que se intercalan las largas y variadas aventuras y empresas de Gauvain, el puro caballero deberá hacerse nueva­mente digno de la gran conquista; en efecto, halla de nuevo a un ermitaño, hermano del rey Pescador, el cual le confiesa en la Cua­resma, le aconseja e insiste sobre todo en el cumplimiento de sus deberes religiosos. Aquí parece que termina la parte debida a Chrétien de Troyes y comienza la obra de los continuadores, que conceden gran espacio a las aventuras de otros caballeros, entre los que destaca Gauvain, y llevan a Perceval al misterioso castillo, donde asiste de nuevo a la procesión del Graal. Esta vez hace la pregunta, y la aventura termina con el matrimonio de Perceval y Blancaflor y con el reconocimiento de Perceval como rey del Graal. En la última parte intervienen personajes extraños, como Tristán (v. Tris­tón e Isolda).

En la novela de Chrétien y sus continuadores, la idea de la búsqueda del Graal está desenvuelta como la bús­queda de la nobleza heroica de la caba­llería, a través de múltiples obstáculos, de­jando en segundo término los elementos místicos, que serán luego desarrollados y acentuados en el verdadero y propio ciclo de la Historia del Graal. El Perceval, lleno de interés por la novedad del carácter -casi sagrado que se confiere a la caballería, tuvo gran éxito. El motivo del héroe ingenuo e ignorante, educado lejos del mundo y man­tenido en la ignorancia de éste, existía ya en leyendas célticas, pero ha sido tratado con especial sensibilidad por Chrétien, que ve en la sencillez de corazón y espíritu el fundamento ideal de la pureza caballeresca. Como otros «romans» de Chrétien (v. Erec y Enide, Ivain) el Perceval tiene también su paralelo galés en el Peredur (v.), que se remonta al siglo XIII y deriva, según mues­tran el contenido y la técnica, de la novela francesa.

C. Cremonesi