Tai Chihishu, Tai Chên o Tai Tungyüan

[Obras póstumas de Tai Chên]. Colección de las obras de Tai Chên o Tai Tungyüan (1723-1777), gran maestro chino de la escuela Kao-cheng, que cuidó las ediciones críticas y los comentarios filo­lógicos de los antiguos textos clásicos chinos.

El pensamiento de Tai se halla en su co­mentario al Mêng Tzú (v.) y en los tres capítulos acerca de la «bondad original», escritos que muestran todos ellos su antí­tesis con los sabios de los Sung (960-1279), los cuales, dice Tai, interpretan a los clá­sicos según su propia opinión. «Cheng y Chu» (v. Erh Ch’êng Ch’üan Shu y Chu Tzú Ch’üan Shu) hablan de la naturaleza humana en términos de razón; entienden la naturaleza humana de esta manera: que si algo hay en la mente humana, este algo es precisamente la Razón; la cual se obtiene del Cielo, pero se conserva en nuestro interior: cuando queremos buscar esta Razón no hacemos otra cosa sino escrutar en la voluntad celeste; no podemos dejar de eli­minar nuestros deseos. Pero esta Razón, que no se halla ni en los seis clásicos ni en los escritos de Confucio y de Mencio, es un concepto inventado por los mismos confucionistas del Sung y nada tiene que ver con las enseñanzas de Confucio y de Men­cio.

Las teorías de esos estudiosos derivan del^ concepto del vacío del budismo y del taoísmo; pero la Razón consiste en conser­var sentimientos, y no puede darse el caso de que se pierdan los sentimientos. Los sentimientos, pues, para el Tai son cosas más que naturales: si el aspecto estático de la naturaleza humana es la razón celeste, los deseos humanos deberían ser el aspecto dinámico de la naturaleza humana, y querer suprimir este aspecto dinámico es como querer suprimir la razón humana. En reali­dad, la naturaleza humana no consiste exclusivamente en la Razón, sino que abraza tres elementos: saber, sentimientos y deseos.

Éstas son las tres grandes funciones de la mente humana, y faltando una de ellas ya no habrá vida para el hombre; por esto los sabios (confucionistas) antiguos no predican nunca la destrucción de los deseos, sino que admiten la satisfacción de ellos dentro de los límites de la justicia y de la propie­dad (los ritos); porque el mal del hombre viene de la ignorancia y del egoísmo; y pre­cisamente por esto es necesario aprender los ritos y la justicia, para vencer la ignorancia; y es necesario conocer la benevolencia para vencer el egoísmo; he aquí las verdaderas virtudes y la verdadera intención de las enseñanzas de los sabios antiguos. A nuestro autor le enojan las especulaciones compli­cadas y gratuitas de los sabios precedentes, y por ello va a parar a la conclusión de la necesidad de «aclarar los verdaderos significados» y de entender los verdaderos tex­tos de las obras que dejó la antigua escuela confuciana, a fin de que sus contemporáneos puedan recorrer un camino llano por donde lleguen a un bienestar universal. Esta docta y calurosa exégesis llevada a cabo en nombre del buen sentido y de una amplia visión de las exigencias reales de la persona hu­mana, trajo una verdadera revolución a los estudios filosóficos tradicionales y tuvo duradera influencia en el pensamiento chino posterior. Cfr. M. Freeman, The Philosophie of Tai Tung-yüan, «Journ. of North China Br. of Roy. Asiat. Soc.», Vol. LXIV (1933); R. Willielm, Der Philosoph Dai Dschen, China Institut (Francfort, 1932).

P. Siao Sci-Yi