Sabiduría, Fridán

[Bescheidenheit]. Colección muy difundida de máximas que, compuesta en versos de cuatro pies con rima final, se publicó en Suevia entre 1225 y 1229. Del au­tor, Fridán [Freidank], no se sabe con cer­teza si fue un caballero o un noble. Pero es evidente que imita el gran poema didác­tico El huésped italiano (v.) de Thomasin von Zirklaere. La primera máxima dice: «Servir a Dios sin vacilación. Éste es el principio de toda sabiduría». Después se en­seña en el libro sabiduría práctica en todas las esferas de la vida.

El autor se sirve de toda la cultura de su tiempo, de su expe­riencia personal, de la Biblia (v.), de los poetas antiguos como Hartmann von Aue y Wirnt von Gravenberc. Se muestra franco partidario del emperador y dice pestes de las indulgencias, del Papa y de los prínci­pes. En esta actitud política se aproxima tanto a Walther von der Vogelweide que du­rante algún tiempo ha ganado crédito la opinión de que Fridán no es más que un pseudónimo del propio Walther. Es notable el juicio por él expresado acerca de la no­bleza: «Quien tiene virtud es también bien nacido; contra la virtud no vale la nobleza». Por este y otros indicios queda claro que la obra no es partidaria de la clase caballe­resca, sino que toma ya en consideración la clase burguesa. Por lo demás, tampoco son olvidados la comarca y la campiña. Esta colección nos ofrece un cuadro tan claro de la cultura de aquel tiempo que por sí sola bastaría, sin ayuda de otras obras, a darnos a conocer la época en torno a 1225.

Hacia 1440 el último minnesinger, Oswald von Wolkenstein, compuso todo un poema con las máximas de la Bescheidenheit. En 1508, Sebastian Brant imprime esta obra, conocida ya por muchos manuscritos, y ase­gura de este modo su difusión hasta la gue­rra de los Treinta Años. A fines del siglo XVI, Rollenhagen la recuerda en su Froschmauseler. En 1867 el germanista Karl Simrok hace de ella una traducción al ale­mán moderno. Y, finalmente, adagios de la Bescheidenheit se encuentran escritos tam­bién en el Municipio de Erfurt y en el Alter Scharren de Hannóver.

M. Pensa