¿Qué es Metafísica?, Martin Heidegger

[Was ist Metaphysic?]. Conferencia del filósofo alemán Martin Heidegger (n. 1889) publicada en 1929. La quinta edición (1949), además de incluir el Nacwort añadido a la cuarta edi­ción de 1943, lleva una Einleitug: Der Rückang in den Grund der Metaphysic.

Heideg­ger empieza caracterizando nuestra existen­cia como esencialmente determinada por la ciencia. En todas las ciencias, siguiendo su propósito más auténtico, nos las habernos con el «ente mismo». La referencia al mundo que impera en todas las ciencias, en cuanto tales, les hace buscar el ente mismo, para hacer objeto de escudriñamiento y de fundamentación, encada caso, el «qué» de las co­sas y su modo de ser. La ciencia se dirige al ente y nada más. La ciencia no quiere sa­ber nada de la nada. Pero, justamente, cuando la ciencia intenta expresar su propia esencia recurre a la nada. Reflexionando sobre nuestra existencia fáctica (de hecho) — una existencia determinada por la cien­cia — Heidegger aboca a un conflicto. En este conflicto se plantea un interrogante: ¿Qué pasa con la nada? La lógica general echa por tierra la pregunta formulada.

El pensamiento — que siempre es, por esencia, pensamiento de algo —, para pensar la nada tendría que actuar contra su propia esencia. Pero — advierte Heidegger —, sólo con la ayuda del entendimiento podemos determi­nar la nada. La nada es la negación de la omnitud del ente, es sencillamente, el no ente. Con ello subsumimos la nada bajo la determinación superior del no, y por lo tanto, de lo negado. Heidegger invierte los términos y afirma: la nada es más origina­ria que el no y que la negación. De su tesis resulta que la posibilidad de la negación como acto de entendimiento y, con ello, el entendimiento mismo, dependen en alguna manera de la nada. Heidegger no se deja despistar por la imposibilidad formal de la pregunta acerca de la nada y la formula satisfaciendo la exigencia fundamental de toda pregunta. Si vamos a interrogar, como sea, a la nada, es preciso — dice Heideg­ger — que, previamente, la nada se nos dé. La caracterización de la nada como la nega­ción pura y simple de la omnitud del ente nos indica la dirección en que únicamente podremos tropezar con ella.

Es preciso que, previamente, la omnitud del ente nos sea dada para que como tal sucumba a la nega­ción, en la cual la nada misma habrá de hacerse patente. Constantemente en nuestra existencia nos encontramos en medio del ente en total. El aburrimiento nos revela el ente en total al nivelarlo todo en una ex­traña indiferencia. Otra posibilidad de seme­jante patencia se ofrece en la alegría por la presencia de la existencia de un ser que­rido. Sin embargo, cuando estos temples de ánimo nos conducen de esta suerte frente al ente en total, precisamente nos ocultan la nada que buscamos. Hay en la existencia del hombre un temple de ánimo tal que lo coloca inmediatamente ante la nada misma: la angustia. Angustia es radicalmente dis­tinto de miedo. La angustia no es por tal o cual causa, sino por nada.

El que se angus­tia, no se angustia de nada. Es, pues, la nada lo que se nos revela en la angustia. La angustia nos deja suspensos porque hace que se nos escape el ente en total. Nosotros mismos, estando en medio del ente, nos escapamos de nosotros mismos. Por esto, en realidad, no somos «yo» ni «tú» los desazo­nados, sino «uno». Con el radical temple de ánimo que es la angustia hemos alcanzado aquel acontecimiento de la existencia en que se nos hace patente la nada y desde la cual debe ser posible someterla a interrogación: ¿Qué pasa con la nada? Para responder a esta pregunta Heidegger presta atención al hecho de que la cuestión acerca de la nada ha sido planteada realmente. Para ello, Hei­degger reproduce esa trasmutación del hom­bre en su puro existir, que ocurre en toda angustia, para captar, tal como se presenta, la nada que en ella se patentiza.

Esto le exige, al mismo tiempo, apartar expresa­mente aquellas caracterizaciones de la nada que no nazcan directamente de su entrevista con ella. La nada no es una aniquilación del ente: es el anonadamiento. La nada, por esencia, rechaza: nos remite, dejándolo escapar, al ente en total que se hunde. Esta total rechazadora remisión al ente en total que se nos escapa es la esencia de la nada: el anonadamiento. El anonadar nos hace patente el ente en total que se nos escapa, en su plena, hasta ahora oculta extrañeza, como lo .absolutamente otro frente a la nada. En esa clara noche que es la nada de la angustia, es donde surge la originaria «pa­tencia» del ente como tal ente: que es ente y no nada. Este «y no nada» es lo que pre­viamente posibilita la patencia del ente en general. La esencia de esta nada, originaria­mente anonadante, es: que lleva, al existir, por vez primera, ante el ente en cuanto tal. Existir — dice Heidegger — (exsistir) signi­fica: estar sosteniéndose dentro de la nada. Sosteniéndose dentro de la nada, la exis­tencia está siempre allende el ente en total.

A este estar allende el ente en total es a lo que Heidegger llama trascendencia. Sin la originaria patencia de la nada no hay mismidad ni hay libertad. La existencia jamás podría entrar en relación con el ente ni, por tanto, consigo misma si, de antemano, no estuviera sostenida dentro de la nada gra­cias a la cual es un trascender. Con esto Heidegger puede ya responder a la pregunta acerca de la nada. «La nada es la posibilitación de la potencia del ente, como tal ente, para la existencia humana». La nada pertenece originariamente a la esencia del ser mismo. En el ser del ente acontece el anonadar de la nada que no es objeto ni ente alguno. La nada, con su originariedad, permanece casi siempre disimulada para nosotros debido a que nos perdemos comple­tamente en el ente. Y es que la nada nos remite precisamente al ente. La nada ano­nada de continuo, sin que en el saber, dentro del cual nos movemos a diario, sepamos propiamente de este acontecimiento.

La an­gustia está casi siempre reprimida en la existencia y puede emerger en la existencia en cualquier momento. Negación, contra­vención, execración, fracaso, prohibición, privación son actitudes anonadantes en que la existencia se encuentra sacudida por el anonadar de la nada. El interrogante acerca de la nada pone ante los ojos de Heidegger la metafísica misma. La voz metaphysica es una transcripción, alterada en forma nomi­nal y sin traducir, de la expresión griega á, extraño título inter­pretado más tarde como designación del in­terrogante que se endereza allende — meta, trans. — el ente en cuanto tal. Para Hei­degger la metafísica es una trans-interrogación allende el ente, para reconquistarlo después, conceptualmente, en cuanto tal y en total. En la pregunta acerca de la nada se lleva a cabo esta marcha allende el ente, en cuanto ente, en total y se nos muestra, pues, como una cuestión «metafísica».

El título de esta conferencia de Martin Hei­degger hace concebir la esperanza de que el filósofo alemán va a hablar acerca de la metafísica. En su lugar Heidegger dilucida una determinada cuestión metafísica — la cuestión acerca de la nada —. Con lo cual procura a la metafísica la única posibilidad adecuada para que se nos ponga ella misma de manifiesto. La cuestión acerca de la nada comprende y abraza la metafísica entera porque se nos descubre — de la mano de Heidegger — como «perteneciente al ser mis­mo del ente». El ser es, por esencia, finito, y solamente se patentiza en la trascendencia de la existencia que sobrenada en la nada. Si la cuestión acerca del ser en cuanto tal es la cuestión que circunscribe la metafísica, la cuestión acerca de la nada es de tal ín­dole que abraza la metafísica entera. Ade­más, nos fuerza a hacernos problema del origen de la negación; es decir, nos fuerza a decidir sobre la legitimidad con que la «lógica» impera sobre la metafísica.

La vieja frase: ex nihilo nihil fit, adquiere, pues, un nuevo sentido, que afecta al problema mis­mo del ser: ex nihilo omne ens qua ens fit. La existencia humana no puede habérselas con el ente si no es sosteniéndose dentro de la nada. Para comprenderse a sí misma, en lo que precisamente es, la ciencia necesita no abandonar la nada. El ir más allá del ente es algo que «acaece en la esencia misma de la existencia». Este trascender es, precisa­mente, la metafísica: el acontecimiento radi­cal en la existencia misma y como tal exis­tencia. Heidegger al hacerse cuestión el pro­blema acerca de la nada nos ha hecho que­dar suspensos para que resuene constante­mente la cuestión fundamental de la meta­física a que nos impele la nada misma, la pregunta primera según la dignidad, la más extensa, la más profunda, la más originaria: «¿Por qué hay ente y no más bien nada?». Trad. por X. Zubini (Madrid, 1931).

J. M.a Pandolfi