Psiquica Matemática, Francis Ysidro Edgeworth

[Mathematical Psychics]. Obra del economista inglés Francis Ysidro Edgeworth (1845-1926), publicada en 1881. El autor se propone en esta obra tres objetos: demostrar la legitimidad de la aplicación de las matemáticas a la ciencia social; resolver matemáticamente los pro­blemas fundamentales de ella, y, finalmente, demostrar que la conclusión de un utilita­rismo puro no es la sostenida por Bentham y en general por los utilitaristas ingleses, de una repartición por igual de la riqueza entre los miembros de la sociedad.

Edge­worth sigue en economía la corriente hedonisticomatemática de Jevons, Walras y Pareto; pero se diferencia de sus predecesores por un más amplio uso de la geometría analítica (aproximándose en esto a Marshall) o un uso más profundo y sistemático del cálculo de las variaciones. La primera parte de la obra, completada con los apéndices I, II, III y VI, está dirigida preci­samente a justificar este uso del análisis matemático en problemas no numéricos: también en Física se presentan cuestiones elevadísimas (como el cálculo de, los máxi­mos de energía), en que las cantidades no son definidas mediante números, sino sólo supuestas variables en función de otras, según un principio general. La asimilación del cálculo económico al de los máximos y los mínimos de energía no es, para nues­tro autor, una mera analogía: él se inclina a creer, aunque no lo afirme rotundamente, que el placer es una energía psíquica.

La segunda parte, dedicada al cálculo hedonístico, está dividida en dos secciones: cálculo económico y cálculo utilitario. El cálculo económico es el cálculo de las utilidades, y parte de la hipótesis de «que todo agente es movido sólo por su propio interés». El núcleo de este cálculo es la teoría del con­trato caracterizado por la competencia. Un- «campo de competencia» es el conjunto de los individuos que desean los bienes objeto de contrato y están en situación de «recontratar» (esto es, de buscar otros contratos antes de haber perfeccionado uno) por ellos.

Es «perfecto» cuando un individuo es libre de contratar con una cantidad indefinida­mente numerosa de individuos. El «arreglo» es el contrato que no puede ser variado sin perjudicar a una de las partes; y el contrato es «determinado» cuando hay un solo «arre­glo» posible; de otro modo es indeterminado. Edgeworth demuestra que el contrato es indeterminado cuando la competencia no es perfecta, y en la medida de su imperfec­ción. Las estructuras de la sociedad de hoy, los sindicatos y los grupos económicos de diverso género, hacen que la competencia sea siempre imperfecta, y por lo tanto numerosos los posibles arreglos.

Uno de éstos es el arreglo utilitario. Así se pasa a la segunda sección. El autor pertenece a la corriente de los utilitaristas que, como Bentham, Stuart Mili, etc., resuelven la moralidad en la acción que tiende al logro del máximo bienestar colectivo : por esto llama cálculo utilitario al estudio de la dis­tribución de los medios del trabajo, de la cualidad y de la máxima felicidad colectiva posible. Las conclusiones obtenidas mediante el análisis matemático son: en general se deberá asignar a los individuos más capaces de goce una cantidad mayor de medios; a los individuos más capaces de trabajo se deberá asignar mayor cantidad de trabajo; el aumento de la población debería encon­trar un límite, y deberían tener hijos sola­mente los individuos dotados de mayor capacidad de goce y de trabajo.

La conclu­sión de la ética social de Edgeworth es, pues, un aristocratizo: los mejores debe­rían tener en la sociedad el mejor puesto. Esta obra, muy paradójica, nos deja muy perplejos: el rigor de su método matemático deja demasiado lugar a las opiniones perso­nales, enérgicas y pasionales del autor. Con todo, la obra señala una etapa importantí­sima, tanto en la historia de la Economía pura, por el perfeccionamiento de los mé­todos matemáticos, como en la historia de la Ética, porque representa la primera ten­tativa para dar carácter verdaderamente científico al cálculo de los placeres, tan acariciado por los utilitaristas, y demostrar cómo ese cálculo no justifica en modo al­guno las conclusiones socialisticorrománticas del utilitarismo.

G. Preti