Principios DE Economía Política con Algunas de sus Aplicaciones a la Filosofía Social, John Stuart Mili

[Principies of Political Economy, with some of their applications to social philosophy]. Con esta obra, publicada en 1848, John Stuart Mili (1806-1873) pretende resumir las doctrinas propias de la escuela clásica inglesa, que se consideraba como encarnación de la ciencia misma.

Sin em­bargo, Mili, al continuar el pensamiento de Smith, de Ricardo y de Malthus tuvo una idea de la economía más vasta y, sobre todo, más sociológica, revelando en ello la in­fluencia ejercida sobre él por los escritores socialistas Saint-Simon, Proudhon y Fourier. Si de los primeros acepta Mili las ideas acerca de la producción y el cambio, la tesis ricardomalthusiana, el principio hedonista, la ley del interés personal, la de la libre competencia, del rendimiento no proporcional, la ley del salario mínimo, la de la renta sobre bienes raíces, el libre cambio, etc., bajo la influencia de los se­gundos y contra la concepción ricardiana, crea su doctrina de la distribución. Mili se pronuncia decididamente contra la propie­dad privada, que considera como una in­justa concentración de la riqueza, y llega al punto de invocar la supresión del dere­cho de herencia, con el fin de aproximarse «a la igualdad original». La tierra no es el producto del trabajo, sino un don de la naturaleza que el individuo no puede apro­piarse sin usurpación.

La exposición de Mili se prosigue para considerar no sólo los aspectos estáticos de la economía, sino los dinámicos. A través de este análisis formula su teoría del «estado estacionario», que es la parte más aguda y original de su obra, viniendo a constituir como una visión moral y sociológica sobre un mundo donde los ricardianos no veían sino el juego de los intereses materiales. A la cuestión referente a los fines a que se dirige la sociedad con sus progresos industriales y cuál será la condición en que se hallará la humanidad cuando hayan cesado, contesta Mili, concretamente, con la idea del «estado estacio­nario». El cual, en definitiva, no es más que la fase final, la salida natural del «estado progresivo», dado que el crecimien­to de la riqueza no es ilimitado. Sobre esta fase, sin embargo, no ofrece Mili un as­pecto desalentador.

Según el autor, no pudiendo durar el «estado progresivo», el úni­co medio que la humanidad tiene a su alcance para huir de la miseria es, precisa­mente, la organización del «estado estacio­nario» de la población y de la producción. Mili quiere que «el número de la genera­ción que crece sea reducido a lo que es rigurosamente suficiente para reemplazar a la generación que pasa». En lo que respecta a la producción, el «estado estacionario» procurará llevar a cabo una distribución más justa entre las diversas clases sociales. En todo ello es evidente el esfuerzo por fundir en la idea del «estado estacionario» las aspiraciones individualistas y socialis­tas, y en esta idea, el esfuerzo realizado en el curso de tres cuartos de siglo por las fuerzas industriales, inventivas y comercia­les, pasa a ocupar el primer puesto, adelantándose al problema de la utilidad propia, con lo que se cierra la doctrina de la es­cuela clásica inglesa.

M. Maffei