[Principies of political Economy and Taxation]. David Ricardo (1772-1823) publicó esta su obra capital en 1817; se trata de una serie de ensayos sobre varios temas, compendio de proposiciones científicas más que conjunto orgánico de reglas ordenadas en un sistema.
Ricardo toma como punto de partida el mismo problema de que habían partido los fisiócratas: cómo se distribuye la producción entre las diversas clases sociales. Este punto de partida es la teoría del «valor». ¿De qué depende el valor de cambio de las cosas? Para las menos abundantes, cuya cantidad no puede aumentarse mediante el trabajo, el valor «depende de la escasez»; para las otras, susceptibles de ser acrecentadas, el valor depende «de la cantidad comparativa del trabajo empleado en la producción de cada una de ellas». Existe, no obstante, una excepción a la teoría del valor normal a propósito del valor de los productos agrícolas, respecto a la renta sobre tierras. En ese momento Ricardo formula su famosa teoría de la «renta ricardiana».
Efectivamente, la renta «es aquella porción del producto de la tierra que se paga al propietario por tener derecho a disfrutar de las facultades productivas imperecederas del suelo»; y como el progreso y el desenvolvimiento de la sociedad obligan al hombre a dedicarse al cultivo de espacios de terreno cada vez más extensos, incluso aquellos menos fértiles, sucede que la producción obtenida en los terrenos menos fértiles tiene un coste unitario superior a la del producto de los terrenos más fértiles. Pero, en el mercado, el precio es único para productos iguales, y este precio se rige por el coste de producción de la unidad que cuesta más producir. Así resulta un rédito neto diferencial a favor de los productos obtenidos en los terrenos más fértiles. En ello estriba, exactamente, la renta de la que se beneficiará el propietario de tierras.
En conexión con la teoría de la renta sobre tierras, expone Ricardo una teoría del «salario natural», que es para él el salario mínimo o necesario. «El precio natural del trabajo (salario) depende del de las sustancias y del de las cosas necesarias y útiles para el mantenimiento del obrero* y de su familia». Es un «salario corriente» el que recibe normalmente el obrero y que se halla en relación con la oferta y la demanda y tiende a aproximarse al salario natural. Entre el salario del obrero y el provecho del empresario no existe antítesis alguna, porque la elevación del precio del salario no se traduce en una elevación del precio de los productos en tanto la cantidad del trabajo realizado no aumenta. No sucederá así con la renta sobre tierras, la cual se incrementa a medida que suben los precios de los productos agrícolas. Ricardo se ocupa también del comercio exterior, de los problemas derivados del impuesto y de los concernientes a la moneda.
En cuanto al primero preconiza el libre cambio: «En un sistema de completa libertad de comercio, cada país consagra su capital y su industria a aquello que le parece más útil. El punto de vista del interés individual se ajusta perfectamente con el beneficio universal de todos». Partiendo de estas premisas le resultará fácil a Ricardo llegar a la formulación del teorema «de los costes comparativos», por medio del cual nos explica cómo confrontando lo que costaría a un país producir una determinada mercancía y lo que cuesta, por otro lado, una cantidad x de mercancía que se da a cambio para obtener la primera, nace la utilidad del comercio internacional. De aquí la condenación del sistema de los impuestos aduaneros. Es indudable que Ricardo dio un gran impulso a la ciencia económica. Su teoría no solamente contribuyó a estudiar las disputas existentes en Inglaterra, a principios del siglo XIX, entre industriales y propietarios de tierras, sino también a señalar problemas más vastos y complejos que rebasan las contingencias históricas de su época.
M. Maffei

