Pintura, Escultura Futuristas, (Dinamismo plástico), Umberto Boccioni

 [Pittura, scultura futuriste (Dinamismo plástico)]. Colección de escritos del pintor y escultor italiano Umberto Boccioni (1882-1916), publicada en Milán en 1914, que constituye la más clara y precisa formulación de la estética futu­rista (v. Futurismo) en el campo de las artes plásticas.

El tono de los primeros capítulos es violentamente polémico, como lo indican los mismos títulos: «Contra la cobardía artística»; «Público moderno en la vida, tradicionalista en el arte»; «Contra la obsesión de la cultura y contra el monu­mento nacional». El repudio de la medio­cridad y de lo advenedizo del arte oficial italiano a principios del siglo XX, el des­precio ante la incomprensión del público y sobre todo la generosa aspiración a pone de nuevo a Italia no sólo a la par, sino a la vanguardia de los países europeos dándole un arte actual y digno de su porvenir de gran nación joven y trabajadora, se tradu­cen en apasionadas invectivas contra el culto opresor del arte del pasado («consi­deramos el monumento nacional como la máxima plaga de Italia»), contra los valo­res de la tradición, sentida como un peso muerto que era menester abandonar para siempre («los italianos modernos no tene­mos pasado»).

La segunda parte del libro, de carácter más estrictamente técnico, define los postulados de la estética nueva. Adhiriéndose entusiásticamente a los aspectos antitradicionales y más intensamente diná­micos de la civilización y de la técnica mo­dernas, Boccioni aspira a un arte que no sea enumeración analítica, sino la vida misma intuida en sus transformaciones. La inspiración es el acto con que el artista se sumerge en el objeto, viviendo su palpita­ción, su movimiento característico, su ac­ción. Ésta no puede ser captada sino calcu­lándola en relación con el ambiente porque el objeto, extraído del ambiente, cesa de vivir de su realidad esencial. Sólo con el impresionismo la representación del objeto se ha completado y fundido con la del am­biente en un juego de vibraciones lumino­sas; pero el Futurismo quiere ir mucho más adelante, tendiendo a una forma plástica que interprete las cosas desde su interior, como núcleos irradiantes en el ambiente, y los viva en la duración de su acción.

Aun declarando que se proponen integrar en la imagen artística la sensación con el cono­cimiento para llegar a construir totalmente el objeto, la pintura y la escultura futuristas no aspiran a reducirse, como el Cubis­mo (v.), a una fría, objetiva elaboración de los aspectos plásticos de las cosas, y hacen constar en cambio el valor primor­dial de la inspiración-emoción: «formas y colores no viven sino con la condición de definirse en el drama-estado de alma plástico». Por medio del afinarse y trans­formarse de la sensibilidad, el Futurismo aspira a volver concreto artísticamente lo que antes se había considerado inexistente desde el punto de vista plástico. De aquí los nuevos principios del dinamismo (simul­taneidad de movimiento absoluto y de mo­vimiento relativo); de la creación de la at­mósfera como nuevo cuerpo entre objeto y objeto (solidificación del impresionismo); de la creación de nuevas formas que bro­ten de la fuerza dinámica del objeto (líneas- fuerza); de la compenetración de los pla­nos del interior con el exterior; del com- plementarismo dinámico de color, forma y claroscuro; de la simultaneidad como mani­festación plástica de un nuevo absoluto; de la velocidad.

El cuadro, no ya controlado, como en el impresionismo, por la realidad aparente, se resuelve en organismo estático desvinculado de toda obligación de común verosimilitud, en construcción emotiva más allá de los límites de tiempo y de lugar, síntesis de recuerdo y de sensación inme­diata. Una primera formulación de estos conceptos es proporcionada por los mani­fiestos técnicos del futurismo, reunidos como apéndice del volumen; como el referente a la pintura, suscrito también por Carra, Baila, Russolo, Severini (1910) y el otro sobre la escultura (1912), que sólo firma Boccioni. En la obra teórica de éste son fácilmente reconocibles equívocos y sofismas tales que destruyen las bases mismas de la estética del Futurismo, cuyas tentativas para la creación de un nuevo lenguaje plástico pueden considerarse sustancialmente fraca­sadas; es, en efecto, absurda la ilusión de poderse confiar, desvinculándose de todo el pasado, a una nueva sensibilidad capaz de hacer vibrar al artista al unísono con el ritmo mismo de la materia. Con todo, los escritos de Boccioni, por su claridad expo­sitiva y su lúcida interpretación y valora­ción crítica de las varias tendencias del arte contemporáneo, permanecen entre los más significativos testimonios de un movi­miento cuya vasta eficacia polémica en elcampo que le es propio no puede ser des­conocida ni olvidada.

G. A. Dell’Acqua