Es la obra que más contribuyó a la fama del rey de Castilla Alfonso X el Sabio. (1220-1284), publicada por M. Rico y Sinobas en cinco volúmenes (Madrid, 1863-1867). Al igual que para todas las otras obras científicas que se le atribuyen, Alfonso X trazó el plan y confió su realización a los más conocidos sabios de su tiempo, algunos de cuyos nombres nos son conocidos: los judíos Rali Zag de Toledo y Judá de Cohén, los italianos Giovanni da Messina y Gherardo de Cremona, los españoles Guillén Arremón d’Aspa, Gil de Tibaldo, Fernando de Toledo, etc. Éstos, traduciendo de textos árabes y recurriendo además a sus propias experiencias, llevaron a cabo una verdadera sistematización de las doctrinas de Tolomeo.
La obra se compone de los siguientes libros: Libros de las estrellas de la ochava esfera, que forman un catálogo de las estrellas entonces conocidas, distribuidas según su disposición: Septentrión, Zodíaco, Meridión; Libros alfonsíes de los estrumentos et de las huebras del saber de astronomía, en que se describen varios instrumentos de observación que Alfonso X había mandado reunir en el castillo de San Servando; astrolabios, relojes y otros aparatos entonces usados; Libros de las taulas alfonsíes, en que se hace la revisión de las tablas tolemaicas relativas a la luna, al sol, a los planetas y estrellas mayores. Estos libros están precedidos por atentas observaciones sobre el calendario y por consideraciones generales sobre la astronomía, que forman a su vez un breve tratado. La obra tiene un gran valor desde el punto de vista histórico y filológico, ya que ofrece un preciso testimonio sobre el estado de los conocimientos científicos del tiempo y marca los primeros pasos de la prosa científica española.
C. Capasso

