[Ksiggi narodu polskiego i pielgrzymstwa polskiego]. Son una especie de evangelio de los desterrados polacos, inspirado a Adam Mickiewicz (1798-1855) por la visión de la triste suerte de .sus compatriotas desterrados, que el poeta había encontrado en Dresde (donde fue compuesta la obra y publicada en 1832) después del fracaso de la tentativa insurreccional de 1830-31.
Se dividen en dos partes: libros de la nación polaca desde el principio del mundo al martirio del pueblo polaco realizado por la Satánica Trinidad de los tres usurpadores: Rusia, Prusia y Austria; y libros de los peregrinos polacos. El concepto romanticomesiánico de la justicia y de la libertad, al que la patria polaca ha sido siempre fiel, ya expresado por vez primera, aunque menos decididamente, por el mismo poeta en la tercera parte de los Antepasados (v.), le da aquí, en la primera parte de la obra, la fe absoluta en su resurrección y le empuja a reanimar a los fugitivos abatidos, profetizándoles la resurrección de la patria, Cristo de las naciones, crucificada como el Cristo de los hombres por haberse opuesto al mal, y destinada no solamente al sacrificio por el bien de todos los pueblos, así como Cristo había sido sacrificado por el bien de todos lo£ hombres, sino también, como Él, a la resurrección para iniciar entre los pueblos, según el ejemplo de Cristo, el Reino de la paz, del amor y de la justicia. En la segunda parte de la obra el poeta, partiendo de este principio general, da a los desterrados, consejos y amonestaciones: fe en Dios, concordia, espíritu de sacrificio.
Sin estar desprovistos de defectos (en su mayoría conscientes y queridos con vistas al efecto a alcanzar: idealización excesiva del pasado nacional, deformación de la verdad histórica para adaptarla al concepto mesiánico, denigración de otros países para establecer una superioridad polaca, etc.), los Libros, escritos en una forma sencilla y llana, no exenta de un hierática majestad de estilo bíblico, alcanzaron amplia y rápidamente los corazones, especialmente por las notas singularmente sensibles que tocaban- Tuvieron por esto una vasta resonancia y dejaron una profunda huella en las conciencias, llegando a ser en los años de dolor el credo nacional de los oprimidos. Los imitó Lamennais en las Palabras de un creyente (v.).
E. Damiani

