La Revolución Química: Lavoisier, Marcelin Pierre Eugéne Berthelot

[La Révolution chimique: Lavoisier]. Obra de Marcelin Pierre Eugéne Berthelot (1827-1907), publicada en París en 1890. Proyectada desde mucho tiempo antes, fue escrita en 1889 en ocasión del centenario de la Revolución Francesa, para hacer re­saltar la coincidencia del movimiento social con la revolución aportada por el genio de Lavoisier al campo de la Química, la cual, andando a tientas hasta que vino él, por entre los prejuicios de los flogísticos, des­emboca acto seguido en el camino luminoso de las ciencias exactas.

La biografía de Lavoisier está trazada en dos capítulos: uno al comienzo, y otro al final de la obra; en el primero, sus orígenes, sus primeros es­tudios, su rápida subida, que hizo de su casa el centro del París intelectual, y de su laboratorio el centro del mundo quí­mico; en el otro capítulo la caída: el hom­bre que tanto honor había aportado a Fran­cia, y tan directos servicios a la Revolu­ción, fue arrastrado por ésta en su torbe­llino: caído en desgracia y detenido lo lle­varon a la guillotina el 8 de mayo de 1794. Entre estos capítulos biográficos es estu­diada la obra científica de Lavoisier, cuyos temas son: oxidación de los metales, com­posición de los ácidos, combustión, natura­leza del calor y su medida, composición del agua, cuerpos simples y ecuaciones de pesos, nomenclatura química, respiración y calor animal.

Berthelot hace resaltar per­fectamente que algunos de los hechos ex­perimentales relativos a estos temas fueron conocidos por primera vez por Lavoisier; no es verdad que fuera el primero en uti­lizar la balanza, ni el primero en enunciar el principio de la conservación de la ma­teria, ni que haya descubierto el aumento de peso en la calcinación de los metales, ni aislado el oxígeno del aire, etc. Pero él dio, con la intuición del genio, la justa interpretación de todo ello y creó su en­lace teórico. En todas las demás ciencias el progreso vino lentamente, con el tra­bajo de las generaciones; en la Química, durante generaciones se habían acumulado trabajos experimentales que quedaban sin nexo entre sí por las equivocadas interpre­taciones que se les había dado; la evolución se realizó rápidamente, en quince años: he aquí la revolución: «Les conceptions qui ont fondé la chimie moderne sont dues á un seul homme, Lavoisier». El estudio de los registros inéditos de laboratorio de’ La­voisier constituye un interesantísimo apén­dice a la obra de Berthelot.

G. Speroni