[La Revolution mondiale et la responsabilité de l’esprit]. Obra del filósofo y escritor alemán Hermann von Keyserling (1880-1946), publicada en 1934. Es un estudio de la crisis espiritual que atormenta a la humanidad de hoy, llevado a cabo con inteligencia brillante y carente de prejuicios, rica en experiencia multiforme.
En la revolución que caracteriza a nuestra época el autor ve un elemento positivo y creador, gracias al cual se pueden sentar las condiciones de un nuevo orden espiritual. Vivimos en un período de preparación, en el que dos mundos se hallan en inconciliable conflicto: la vieja Europa y la nueva generación. Hay que comprender este conflicto en su esencia; no se trata de una decadencia, sino de una nueva civilización que nace. El error del intelectualismo consiste en no saber comprender el sentido de los acontecimientos, en atenerse a un esquema explicativo que no es capaz de expresar la realidad actual. De aquí la necesidad de una «rectificación de las designaciones» (por ejemplo, el concepto de Humanidad) con el fin de crear un nuevo plano de comprensión. Se está creando una humanidad distinta: nuestra época es la época de la revolución de las «fuerzas telúricas» contra el espíritu. Espíritu y Tierra constituyen para Keyserling, aficionado a la Geología, dos elementos antagónicos, en cuya polaridad ha de colocarse la fuerza del ser. Si el Espíritu es lo que caracteriza al hombre en lo que de creador y eterno tiene su personalidad, no por esto las fuerzas telúricas constituyen elementos negativos. Son ellas energías elementales, vitales y emotivas, de las que depende toda la riqueza de la vida.
Cuando las fuerzas telúricas predominan, las expresiones primordiales del espíritu, el Valor y la Fe, triunfan sobre sus manifestaciones diferenciales (culturales e intelectuales). Pero es necesario contener esta fuerza obscura y ciega, que por sí misma es pasiva, carente de libertad e iniciativa, para impedir que lleve al caos y al definitivo dominio de las fuerzas telúricas en la vida humana. Ésta es la terrible responsabilidad del Espíritu, la cual no ha de ejercerse en el plano infecundo de la oposición, sino en el plano de la comprensión creadora. Bajo la guía del Espíritu, la revolución de las fuerzas telúricas llevará a una revolución de orden espiritual. Pero la era que se aproxima no tendrá nada de común con la era intelectualista (objetiva, materialista, extrovertida); el nuevo mundo creado por el Espíritu será eminentemente introvertido y llevará a la acentuación de la subjetividad. El autor preconiza una cultura integral que unifique en una síntesis todas las fuerzas de la Tierra y todas las fuerzas del Espíritu; y más que una síntesis se trata de alcanzar un ritmo que lo abarque todo y en el que los contrarios en lugar de oponerse y anularse, se apoyen mutuamente.
A. Denti

