La Acción, Ensayo de una Crítica de la Vida y de una Ciencia de la Práctica, Maurice Blondel

[L’action, Essai dune critique de la vie et dune Science de la pratique]. Obra del fi­lósofo francés Maurice Blondel (1861-1949), publicada en 1893. Es la obra maestra del autor; contiene en una síntesis genial los puntos capitales de su teoría. El pragma­tismo de Blondel que transporta el centro de la filosofía de la indagación del pensa­miento al hecho concreto de la acción, se basa en una experiencia típicamente religio­sa: es la fe en la doctrina cristiana la que orienta la investigación del filósofo. Puesto que la acción es el eje tanto de la experien­cia sensible como del conocimiento científi­co y filosófico, hay que seguirla en su movi­miento expansivo desde sus primeros oríge­nes, a su desarrollo a través de las condi­ciones de ambiente en que fructifica, y a su extinción mística en la comprensión de Dios. El misterio de la existencia se refleja en la ineluctabilidad de la acción: la ten­tativa de suprimir el problema moral, re­sulta vana por el hecho mismo de que su negación es ya un acto de elección volun­taria. Querer resolver los cánones de la moral desde el punto de vista intelectual es crear una especulación artificiosa que no considera la humanidad en sus evolucio­nes psicológicas. Por eso Blondel rechaza, situándose en un punto de vista pascaliano, tanto el imperativo categórico de Kant, como toda ética construida «a priori».

Los seres son sobre todo lo que hacen; la fun­ción del acto filosófico debe ser por lo tanto pragmática: determinar no ya la re­lación del pensamiento con el objeto, sino la relación de la conciencia con la acción que la prepara y la realiza, demostrar cómo la teoría se subordina a la praxis. Todo pro­greso del pensamiento se realiza precisa­mente en esta mutua colaboración del pen­samiento con la acción, pero, sobre todo, en esta victoria creciente del acto sobre lo pensado, del determinante sobre lo deter­minado. Y la orientación natural de la voluntad tampoco se agota en ninguna posi­ción sistemática; toda tentativa de circuns­cribir con la ciencia la decisión y de limitarla en el orden natural es vana por el hecho de que la esencia misma de la acción es metafísica, y detrás de la in­congruencia de la sensación y la limitación de la actividad científica, hay un impulso vital que es propio de la «conciencia sub­jetiva». Va más allá de los esquemas con­ceptuales y simbólicos de la ciencia, y re­vela una conexión interior que sirve de pa­lanca a la vida misma. Por lo tanto, la in­dagación de la naturaleza humana está des­tinada a trasladarse del objeto al sujeto, de un polo de exterioridad a un polo de inte­rioridad, «a la ciencia de la conciencia», al estudio de la constitución, de la vida indivi­dual mediante la acción. «El conocimiento se hace posible solamente por un principio unitario que lo hace entrar en los esque­mas del pensamiento. Este «vinculum perceptionis» (que Kant llama «apercepción trascendental») es el acto perpetuo de la conciencia.

Si por una parte este factor subjetivo es condición de los fenómenos, por otro lado su misma condición le hace sobrepasar estos fenómenos. Como eje del dinamismo mental, entra en lucha con la fuerza vital, la absorbe y la supera: pre­cisamente en esta lucha reside la fuerza de la moralidad, la fuente de la libertad. Con­tra el determinismo mecánico y natural, la voluntad agente afirma su esfera de liber­tad; puede hacer converger los impulsos rebeldes de la vida fisiológica en una acti­vidad general que resulta de la conexión armónica de los órganos. Y la acción no se ciñe al ámbito de la vida individual, sino que se fecunda y se reproduce (energía de la acción) en la convivencia social. Engen­drada por el poder impersonal de la razón, adquiere infinita virtualidad y, por medio de las uniones fecundas de la familia, de la Patria y del Estado, llega a una expan­sión universal. El último horizonte a que llega Blondel es el sentido de lo infinito, la conciencia de lo sobrenatural. El progreso de nuestra voluntad nos obliga a reconocer su insuficiencia; esta noción de lo sobrena­tural no es extrínseca a la inteligencia, sino que es la última adquisición de nuestra ac­tividad práctica, y el complemento necesario de nuestra acción íntima: «después de que todo se ha hecho como si nada esperásemos de Dios, es menester además esperarlo todo de Dios, como si nada hubiésemos hecho nosotros solos». El pragmatismo reli­gioso de Blondel se afirma contra el realis­mo ontológico e intelectual de un pensa­miento que absolutiza la fuerza de la razón hasta el punto de excluir la legitimidad de una ciencia metafísica y religiosa. En la re­valorización de la fe sobre la razón, de la praxis sobre la teoría, Blondel intenta fun­dar una ciencia de la práctica que abarque y justifique la viva dialectividad de la ex­periencia.

O. Abate