Ética, Wilhelm Wundt

Investigación de los hechos y de las leyes de la vida moral [Ethik. Untersuchung der Tatsachen und Gesetze des sittlichen Lebens].

Investigación sobre los mo­tivos y fines de la acción moral, del filó­sofo alemán publicada en Stuttgart, en 1886 (quinta edición 1923-24, en tres volúmenes). La de­terminación de las leyes y normas mora­les procede con método empírico, mientras que con el método especulativo las leyes se legitiman y se fundan sobre conceptos generales. El método empírico subjetivo de las condiciones del acto moral va acompa­ñado de la investigación objetiva de los hechos humanos suministrados por la filo­sofía y por la historia, de tal manera que ha de hacerse una historia psicológica de la conciencia moral espontánea, y una his­toria crítica de la conciencia refleja. La evolución del significado de los términos «virtud» y «vicio» se revela sobre todo en las concepciones de las religiones «éticas» que, a través de los mitos, expresan senti­mientos y representaciones que tienen por objeto una existencia real que corresponde a las necesidades y deseos del alma humana; y en la concepción del orden del universo, en las esperanzas y los temores de la vida futura, expresan conceptos de justicia y reparación a sus violaciones.

Las leyes éticas son pensadas como imperativos reli­giosos; la moralidad y la religión difieren, no por el contenido, sino por sus diferen­tes puntos de vista. Del hecho de la vida social surge, como reflejo de la vida espi­ritual colectiva, la «costumbre», la cual revela los fines de naturaleza moral que la vida colectiva va creando en su evolución, fines de carácter eticosocial que sobrepa­san el límite del interés individual: defensa de los medios de existencia; relaciones ori­ginadas por el trabajo; vínculos familiares y estatales, con su ordenación juridicosocial. La naturaleza y la civilización obran, ellas también, éticamente sobre el hombre por medio de las exigencias materiales, por medio del ambiente físico, por los senti­mientos de simpatía y de piedad hacia el prójimo, por la infinidad de las represen­taciones y de los intereses superiores.

El encadenamiento de los motivos y de los fines produce la expansión creciente de las representaciones éticas, asegurando la continuidad del progreso moral. En la refle­xión filosófica, la ética antigua se limita a indicar la conducta humana más adecuada para los bienes de la vida real; la filosofía medieval cristiana concibe el bien moral realizándose en otra vida espiritual; la mo­derna trata de conciliar las dos anteriores, presentándose como doctrinas de los bienes: en ella el deber es la virtud. Las diferentes doctrinas éticas dan como «motivos» de la moralidad, bien un sentimiento innato (intuicionismo), bien una reflexión intelectual dictada por la experiencia (empirismo), bien una idea de la razón que participa de entrambas. Según la naturaleza de los «fi­nes», los sistemas morales pueden ser autó­nomos o heterónomos. Los primeros son eudemonistas o evolucionistas; los segundos, políticos o religiosos.

El error funda­mental de los sistemas heterónomos impe­riosos es el de invertir la causalidad ética. Siendo el orden político y religioso un re­sultado de las concepciones morales, no puede ser causa de las mismas. Pero conti­núan teniendo eficacia educativa, insistien­do sobre la autoridad absoluta del deber. Entre los sistemas autónomos, el del utili­tarismo egoísta no logra explicar cómo surgen el egoísmo y el altruismo origina­rios; Adam Smith ha intentado demostrarlo, deduciendo de la simpatía toda la morali­dad. Es necesaria la conciliación de los im­pulsos egoístas y los altruistas. Wundt dis­cute, sin embargo, el utilitarismo altruista de Aristóteles, Shaftesbury y Bentham, po­niendo de relieve la dificultad de funcio­namiento y la armonización aun admitien­do la visión de que prevalecen, en la evo­lución, los impulsos más resistentes y por tanto los más útiles para la conservación de la especie; y las doctrinas éticas que admiten como principio el perfeccionamien­to, sea individualista (Leibniz y Kant), sea universalista, en los cuales importa deter­minar la relación entre la voluntad indivi­dual y la colectiva.

El fin moral, sólo pue­de estar en la vida colectiva y en el pro­greso general, por la producción de crea­ciones espirituales de los que es objeto el espíritu colectivo de la humanidad. Deter­minar de modo positivo y concreto el ideal moral, es empresa vana. La ciencia sólo puede intentar dar a las ideas morales una expresión general que depende del estadio de la evolución. La norma general indivi­dual dice: piensa y obra de modo que nun­ca falle el respeto que te debes a ti mismo, cumple los deberes que te has propuesto cumplir para contigo mismo y para con los demás; la norma general social manda: res­peta a tu prójimo como a ti mismo, sirve a la comunidad; la humana ordena: considérate instrumento para la realización del ideal moral y sacrifícate a los fines ideales. El valor permanente de los ideales éticos arranca del fin absoluto del mundo, del orden moral infinito: la idea de Dios, exi­gencia última del orden moral, trasciende la razón y nada podemos afirmar sobre su objetividad. La ética de Wundt es, por lo tanto, «empírica en su base, filosófica en su construcción, intuitiva en la motivación de la moralidad y evolucionista universal en la determinación del «fin ético ».

G. Pioli