Ética o sea Libro llamado «Conócete a ti mismo», Pedro Abelardo

[Ethica seu Líber dictus «Scito te ipsum»]. Publicado por Pez en Thesaurus anecdolorum novissimus (1721) y por Cousin en Petri Abaelardi Opera hactenus inédita (1849-59), este tratado moral, del que solamente se nos han conservado el primer libro y un brevísimo fragmento del segundo, fue escrito durante el segundo retiro de Pedro Abelardo (1079-1142) en el monasterio de Paracleto junto a Eloísa, es decir, después de 1129.

Es importante por el relieve que da a la conciencia moral y por su audaz subjetivismo. El pensamiento cen­tral es que la acción moral no es buena o mala en sí misma, sino sólo como intención de quien la ejecuta. Con esto Abelardo no niega la norma objetiva, que tiene su fun­damento en la libre y necesaria disposición de la voluntad de Dios, causa absoluta de todo y por lo tanto también de nues­tras acciones, sino que dice que sólo la deliberada voluntad de transgredir la nor­ma presente la conciencia es pecado, de modo que aquél a quien una circunstancia cualquiera le ha impedido cometer el mal al que su ánimo había ya consentido, es tan culpable como si realmente lo hubiese ejecutado y tan digno de castigo como aquél.

El Juez supremo mira la intención, no los actos externos. De estas premisas Abelardo no deduce, como podría parecer a primera vista, una moral rigorista, que más bien condena. Distingue entre la inclina­ción natural hacia el mal («vitium») y el consentimiento dado por el alma a la incli­nación («peccatum»). De modo que no pe­caron quienes condenaron a Cristo sin conocerle, y es posible que el hombre de bue­na voluntad lleve una vida perfectamente buena luchando contra la tendencia al mal, que se convierte así en condición de la vir­tud en cuanto la virtud es lucha. Se com­prende que los tradicionalistas denunciasen como peligrosas las consecuencias a que po­día conducir esta referencia de todos los problemas éticos a la conciencia subjetiva y que San Bernardo de Claraval, el im­placable adversario de Abelardo, encontra­se en el Scito te ipsum, como en la Teolo­gía (v. Introducción a la teología), el mate­rial para las trece bases de acusación que en 1141 condujeron a Pedro ante el Concilio de Sens y a la severa condena.

M. Venturini