Ética Filosófica, Friedrich Schleiermacher

[Philosophische Sittenlehre]. Obra del filósofo alemán publica­da después de su muerte en la colección de sus escritos editada en Berlín en 1836 y sig. Esta obra resume con algunas notables variaciones las doctrinas que Schleierma­cher había expuesto fragmentariamente en la Crítica de la ética anterior [Kritik der bisherigen Sittenlehre, 1803] y en algunos ensayos diseminados. Como el presupuesto del saber es la identidad del pensamiento y del ser (v. Dialéctica), así el presupuesto del obrar es la identidad del querer y del ser.

Toda acción presupone y realiza, según un aspecto parcial, esta identidad, que ca­racteriza a la esfera ética, que es, por un lado, el proceso, el desarrollo continuo a través de formas finitas, de esta identidad, esto es, eticidad empírica o histórica, y, por otro lado, el presentarse ideal de la iden­tidad misma, como un propio saber por sí, como conciencia, como moralidad verdade­ra y propia. Relativismo eticohistórico e idealidad moral son dos polos indiscernibles, y, del mismo modo que no es posible fun­dar la eticidad sobre la accidentalidad de las relaciones de hecho, no es tampoco posible fundarla sobre un principio ideal absoluto. La vida, la acción moral, se realiza siempre gracias a un acuerdo parcial del ser y de la voluntad y según un ideal particular de tal armonía. El ser es aquí naturaleza e historia, por eso la eticidad concreta es siempre un desenvolvimiento del acuerdo entre naturalidad e historicidad concreta, por un lado, y por otro, la voluntad. Este desenvolvimiento consiste en una doble actividad.

Por una parte se organizan los datos naturales e históricos, según la idea de una unidad armónica que se realiza en el acto de querer, pero además, y por enci­ma de ello, una actividad idealmente simbolizadora designa el límite a que tiende el querer en cuanto libre querer. Por me­dio de la primera actividad, se hace el hombre señor de la naturaleza, se la atri­buye como propiedad, la domina como téc­nica, y a la vez organiza la comunidad política y jurídica. Por medio de la segun­da, crea el mundo de la cultura y el del espíritu, elevando sus necesidades concre­tas al reino de las exigencias ideales y de los puros valores. La importancia de esta obra de Schleiermacher hay que buscarla en la crítica del subjetivismo y del formalis­mo moral kantiano, en el sentido vivo de la concreción y de la problemática de la esfera ética, que aquí coincide con el mun­do de la cultura, en la conciencia de la tensión esencial entre naturalidad, histo­ricidad y transitoriedad, relatividad y abso­lutismo de los principios morales, y en el valor que de este modo se atribuye a la personalidad individual. Ya que la moralidad no es una absorción en la abstracción de la ley, sino realización como ley individual, en el conflicto y en el acuerdo con la rea­lidad, como un aspecto individual, pero esencial de la infinita y multiforme armo­nía que constituye el alma de la realidad.

A. Banfi