Entre las más originales formas de expresión literaria que cultivó el gran escritor cubano José Martí (1853-1895), sus cartas han merecido excepcionales comentarios por ser reveladoras de su singular personalidad. Miguel de Unamuno, el español que mejor y más profundamente penetró en su mensaje, acertó a decirlo en esta frase: «En cuanto a Martí, fui de los primeros en hablar de él en España. Lo que me lo reveló un hombre, todo un hombre, y un maravilloso escritor, fueron sobre todo sus cartas». Y Enrique José Varona, que lo conoció personalmente y lo oyó en la tribuna, coincide igualmente en el elogio del epistológrafo: «Sus cartas, fuera el que fuese el asunto, tenían el mismo magnetismo de su conversación. Se le oía y se le veía al través de los amplios trazos de su letra nerviosa.
Escribía a sus amigos como les hablaba; las imágenes florecían bajo su pluma como en sus. labios; el corazón se le derramaba tras las palabras». Durante su breve pero agitadísima vida escribió muchos cientos de cartas, de las que un gran número han desaparecido, por razón de las mismas circunstancias y propósitos políticos en que fueron escritas, pero la gran mayoría se ha salvado y forman hoy distintos cuerpos de Epistolarios ya publicados. La recopilación más completa y ordenada apareció en tres volúmenes con el título Epistolario de José Martí, arreglado cronológicamente, con introducción y notas por Félix Lizaso («Colección de Libros Cubanos», Cultural S. A. La Habana, 1930), y en ella se incorporaron las cartas anteriormente publicadas por Gonzalo de Quesada y Aróstegui en el Vol. XIV de Obras de Martí y las que constituyeron el volumen IV de la edición de Néstor Carbonell, así como todas las que habían sido dadas a conocer en folletos y en numerosos periódicos y revistas, y muchas otras que se conservaban inéditas y que por primera vez vieron la luz.
Con posterioridad nuevos epistolarios han aparecido, debiendo mencionarse especialmente los que siguen: Cartas inéditas de Martí, con anotaciones de Joaquín Llaverías («Boletín del Archivo Nacional», La Habana, 1919); Epistolario de José Martí y Máximo Gómez y Epistolario de José Martí y Gonzalo de Quesada, ambos recopilados y anotados por Gonzalo de Quesada y Miranda (Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1933 y 1934, respectivamente) Cartas a Enrique Estrázulas («Archivo José Martí», julio 1941); Cartas a Manuel A. Mercado (Ediciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1946). En las «Obras Completas de Martí» que ha publicado la «Editorial Trópico», los volúmenes LXV, LXVI y LXVII están consagrados al Epistolario, además de publicarse muchas otras cartas en diversos tomos, respondiendo a las materias que los constituyen. Del mismo modo se incorpora el epistolario de Martí en los dos volúmenes de sus «Obras» (La Habana 1946).
F. Lizaso

