Ensayo Teorético de Derecho Natural Apoyado sobre los Hechos, Giuseppe Taparelli d’Azeglio

[Saggio teoretico di diritto naturale appoggiato sul fatto] . Obra del jesuita (hermano de Massimo), publicada en 1851. Taparelli escribió este libro con fines polémicos, contra el ideal nacional y constitucional que fermen­taba y se realizaba en la Europa de su tiempo. Se propuso delinear una metafísica del derecho natural que, al contrario del iusnaturalismo, justificase y legitimase al Estado absoluto contra las aspiraciones libe­rales o nacionales. El hombre, dice, se halla en sociedad no porque ésta sea su condi­ción natural de existencia, sino porque Dios, por un secreto designio, así lo ha querido.

La sociedad no es pues un fin, sino un medio ordenado a la realización de fi­nes que trascienden, además de la propia sociedad, los individuos. Por lo tanto, el único carácter que tiene relieve y valor en la sociedad es la «potestas» soberana. Sólo es posible hablar de derechos refiriéndose al orden civil o privado, no al polí­tico, en el que no hay lugar para la liber­tad, ya que el Estado no es otra cosa que «una sociedad política independiente en la que las leyes promulgadas por el soberano no tienen necesidad de otra confirmación para ser obligatorias para los súbditos». El soberano es, pues, «legibus solutus», irres­ponsable, y no se le puede censurar, aunque sea ilegítimo; a nadie sino a Dios (y por lo tanto, al Papa), cuya autoridad es su­prema, corresponde juzgar sobre la con­ducta y la legitimidad del poder soberano.

Pero no le compete al príncipe «toda» la autoridad, sino sólo la que se refiere a la actividad externa de los súbditos; porque sobre las conciencias la única autoridad, de naturaleza divina, corresponde a la Igle­sia. La gran fama de esta obra (cuyo ori­gen es fácil descubrir en los escritos de De Maistre) se debe no a su valor intrínseco, nulo de por sí, sino a la finalidad histórico- polémica de que el autor estaba animado y al carácter extraordinariamente reacciona­rio de sus afirmaciones, que suscitaron vio­lentas discusiones en su tiempo.

A. Rèpaci