Ensayo sobre un Modo de Determinar las Masas Relativas de las Moléculas Elementales, Amedeo Avogadro

[Saggio su zin modo di determinare le masse relative delle molecole elementari]. Obra del físico italiano (1776-1856), pu­blicada en París, en el «Journal de Physíque» (tomo 73), en 1811. Esta «memoria» puede considerarse como la piedra clave ir las teorías sobre la constitución de la materia. De las cincuenta y siete obras de Avogadro (entre ellas un tratado de cristalografía y de física en seis volúme­nes, que anuncia genialmente hipótesis, teorías y leyes atribuidas a autores poste­riores), ésta es la más conocida. Ello se debe al hecho de que representa el paso de la «química de Lavoisier» a la química moderna. La obra del gran químico de la Revolución halló en Proust, Dalton, Gay- Lussac, Berzelius (por citar solamente los nombres principales) los continuadores del método experimental y deductivo.

Dalton emitió la hipótesis atómica de la materia, en sentido estrictamente físico. Esta hipó­tesis, según la cual toda sustancia está for­mada por átomos, resultó insuficiente para interpretar las observaciones experimenta­les de Gay-Lussac sobre las combinaciones entre cuerpos en estado gaseoso. Las conse­cuencias de esta insuficiencia fueron graves. Precisaba renunciar a la hipótesis atómica o bien admitir que los átomos, en ciertos casos, podían «despedazarse» (es decir, re­nunciar al concepto de átomo), o admitir como erróneos todos los datos experimenta­les. Avogadro admitió que las últimas par­tículas que podemos obtener subdividiendo físicamente, hasta el límite de lo posible, un cuerpo, respetando sus propiedades físi­cas y químicas, no son átomos sino agre­gados de átomos, llamados moléculas.

«Moléculas elementales» en el caso de cuerpos simples, formadas de átomos de la misma especie; «moléculas integrantes» en los casos de cuerpos compuestos, formadas de áto­mos de especie diversa. Mediante esta hi­pótesis las previsiones teóricas concuerdan perfectamente con los resultados experi­mentales. La célebre «Memoria» de Avogadro, que casi pasó inadvertida en su épo­ca, fue dada a conocer al mundo científico por Estanislao Cannizzaro, en el Congreso de químicos celebrado en Karlsruhe en 1860. Fue la base de la «reforma» de Cannizza­ro, con la cual la ciencia pudo finalmente, después de medio siglo de tentativas, com­promisos e incertidumbres — puede decirse que de crisis —, adquirir un concepto y un método seguro para la determinación de los pesos atómicos y de las fórmulas de com­posición de las sustancias.

Consecuencia inmediata de la ley de Avogadro es la posi­bilidad de determinar el peso molecular de las sustancias en estado gaseoso. La misma ley aplicada a las soluciones, constituye la base de los métodos de determinación de los pesos moleculares de los sólidos, como quedó demostrado con los célebres traba­jos de Pfeffer, de Van t’Hoff, de Régnault, de De Vries, etc. Otra consecuencia impor­tante de la teoría de Avogadro es que al tomar de cada sustancia un peso (en gra­mos) expresado por el peso molecular, to­mamos siempre un número igual de mo­léculas; es decir, en el orden de tamaño de la escala humana, puede trabajarse con cantidades que en la escala corpuscular corresponden a las moléculas. La químico- física moderna está basada esencialmente en la teoría expuesta por Avogadro en su «memoria».

O. Bertoli