Aparecidos sueltos a medida que Thomas Mann (1875-1955) los publicó, como artículos de revistas, prólogos de obras, discursos, mensajes radiofónicos y cartas, desde el primero, «Federico II y la gran coalición» [«Friedrich II und die grosse Koalition»], de 1915, hasta el último, «Esta paz» |«Die- ser Friede»|, de 1946, algunos en alemania, otros en Suiza, en Suecia, en América, a veces, durante los años de guerra y destierro, publicados antes en inglés que en alemán, fueron recopilados en su mayoría en dos volúmenes, el primero titulado ¡Atención, Europa! [Achtung, Europa! \, que apareció en 1938, en la editora de Zurich Europa Verlag (precedido por una recopilación análoga en traducción francesa, aparecida en Francia en 1937, Avertissement á l´Euro- pe, con un prólogo de André Gide) y el segundo titulado ¡Oyentes alemanes! \ Deutsche Hórer!], aparecido primero en edición americana en 1942 e, inmediatamente después de la guerra, en 1945, en la editora Bermann-Fischer de Estocolmo, que ha emprendido ahora la edición de sus Obras Completas.
En Italia, y en 1947, apareció una recopilación de estos ensayos políticos titulada Moniti al l´Europa (trad. de C. Baseggio). Después del primer ensayo ya citado, de 1915, y después de las «Consideraciones de un impolítico» [«Betrachtungen eines Unpolitischen»], de 1918 —recogidos ya en la edición berlinesa de las Obras compuestas hasta 1925 —, destaca un grupo importante de manifiestos políticos de Thomas Mann, donde de la defensa del orden y de la disciplina se pasa a la defensa de la libertad democrática. El primero es el gran discurso «De la República Alemana», pronunciado en Berlín en 1923 con ocasión del 60° cumpleaños de Gerhart Hauptmann, solemne y apasionada adhesión a la joven república weimariana del «buen abuelo Ebert», en la alemania post-imperial; en la República el autor ve la forma jurídica positiva del nuevo concepto de «humanidad», que ha de dar forma a la unidad de la vida política y nacional alemana.
Siguen, de 1930 a 1938, los documentos recopilados más tarde por el autor bajo el famoso título /Atención., Europa!, al que sirve de prólogo un ensayo de 1938, «La altura de la hora» [«Die Hóhe der Stunde»] que, en vísperas del gran conflicto mundial, destaca el valor no sólo histórico, sino moralmente vital, de aquellas advertencias públicas dirigidas al mundo durante los primeros cinco años del infausto régimen hitleriano: luchar por la buena causa, independientemente de su éxito en la realidad práctica, es una contribución al triunfo de la verdad, o sea a la victoria del espíritu sobre la tierra, aunque momentáneamente éste sucumba ante las fuerzas adversas, destructoras de la cultura y de los valores humanos. Estas fuerzas están representadas por la infiltración «fascista» en el campo político, moral e intelectual del mundo europeo; y la disposición psicológica de dicho mundo a aceptar dicha infiltración, induce a Th. Mann a lanzar su grito de alarma: «¡Atención, Europa!». Es el título de un ensayo que en la recopilación sigue, con el subtítulo «Después», al discurso «Llamamiento a la razón», pronunciado en Berlín en octubre de 1930„ o sea «Antes», en vísperas del nazismo.
Escudriñando las causas internas, es decir, morales, de los hechos históricos, el valeroso escritor alemán de espíritu europeo, el «cosmopolita germánico», señala las graves responsabilidades de Inglaterra y de Europa entera al haber permitido, e incluso favorecido, el desarrollo del fascismo y de su derivación directa, la dictadura nacionalsocialista en alemania. Después de examinar la crisis económica provocada en alemania por el Tratado de Versalles, reconoce la necesidad de una revisión del mismo y de un sincero entendimiento franco alemán, para la salud física y psíquica de su patria y para el bienestar de toda Europa. Sólo así puede conseguirse, en las relaciones internacionales, una garantía de paz; pero a una política externa ha de corresponder una política interna que garantice la paz y ésta ha de abolir el divorcio absoluto determinado por el nazismo entre patria y cultura; ha de haber unidad entre el mundo politicosocial y el espiritual artístico para que triunfe la civilización. Y Mann trata de los diversos problemas de la civilización a la luz de un humanismo «militante», o sea activamente atento en la búsqueda de la verdad y en el esfuerzo para afirmarla: «sólo la verdad promueve la vida».
Su actitud de protesta irreductible y de mesurada indignación por el envilecimiento de la cultura bajo el régimen hitleriano y por la barbarización de la patria alemana está expresada con todo orgullo en la nobilísima respuesta, del primero de año de 1937, al Presidente de la Facultad de filosofía de la Universidad de Bonn, que le había comunicado la invalidación de su título académico, a consecuencia de su pérdida de la ciudadanía alemana. La respuesta desemboca en una exhortación a alemania para que vuelva al seno de las naciones civilizadas, en un sistema de paz europea, donde se respeten la libertad, el derecho y el decoro humano. En el ensayo «España», epílogo a una publicación suiza sobre este tema, el poeta reivindica para quien vive libre en su espíritu, el derecho y el deber de no separarse de la política en el aislamiento de su torre de marfil: el poeta es hombre y todo problema humano ha de interesarle y exaltarle; por ello se apasiona por el destino del pueblo español, en la tragedia de guerra interior.
Los conceptos de libertad, verdad y justicia se repiten en la presentación de una revista, también publicada en Suiza durante la época nazi, titulada «Medida y valor» [«Mass und Wert»], cuyo programa propuso Th. Mann; destaca el sentido religioso del misterio encarnado en el hombre, y asigna a la sociedad contemporánea la obligación de «humanizar» en dicho sentido al mundo politicosocial, para que se amolde a los valores eternos del espíritu, forjando del pasado el presente y el porvenir, en un proceso de continua regeneración, que conserva la tradición y la transforma en progreso. Esta es la finalidad de la democracia, que reconoce la dignidad del hombre y la función de lo absoluto que en él se realiza, traduciéndose en acción.
Y la conferencia pronunciada durante la primavera de 1938 en 15 ciudades de los Estados Unidos de América, «La segura victoria de la democracia», es precisamente un análisis de la concepción moderna de la democracia y una profesión de fe en ella, para la salvación de la paz, ante un profundo examen de la concepción fascista nacionalista, productora de la guerra. Ciertamente la democracia ha de renovarse reformándose en sentido social, y el discurso pronunciado en Estocolmo, en septiembre de 1939, en el XVII Congreso del P. E. N. Club internacional, desentraña «El problema de la libertad», precisamente bajo el aspecto social, como disciplina «moral» impuesta por los tiempos, para que la humanidad se realice en su totalidad.
De 1940 a 1945, Th. Mann, desterrado en América, dirigió 55 mensajes radiofónicos a Alemania, empezados todos con las palabras «iOyentes alemanes!»; la British Broadcasting Corporation los transmitió y cuantos, durante la guerra, escucharon más o menos clandestina y peligrosamente Radio Londres, los oyeron por la misma voz que, más allá del océano, los grababa en un disco con la intención — como escribió el autor en su prólogo a la edición americana de la recopilación — de llamar a su pueblo, oprimido y corrompido por la tiranía hitleriana, a una redención salvadora. Son palabras de iluminación para quienes eran mantenidos en la oscuridad, de comentario a los hechos, de advertencia severa y al mismo tiempo de ardiente amor a la patria que veía sumirse en su propia ruina; es la voz de un mundo que en vano exhorta al oprimido a libertarse por sí solo — hasta que la liberación llega del exterior con la catastrófica derrota de alemania.
Un último mensaje radiofónico, de Navidad de 1945, publicado más tarde por la «Weltwoche» suiza de 22 febrero 1946 y por otros periódicos europeos, repite los motivos expuestos por Th. Mann en una «Carta abierta», aparecida por primera vez en la revista «Aufbau» de Nueva York, al escritor alemán Walter von Molo que en el verano del 45 le había invitado públicamente a volver a su país: «Por qué no vuelvo a Alemania». Es una justificación de su negativa y al mismo tiempo es un juicio inexorable de aquella patria que fue sorda a toda exhortación de sus mejores hijos para liberarse del yugo y ahora expía trágicamente sus culpas con la pérdida incluso de la unidad que constituye una patria. El germanismo de Th. Mann ha dejado de ser nacional para convertirse en cosmopolita, aun guardando los vínculos de una herencia incancelable e inconfundible que, con trepidante piedad filial, le hace pedir la Gracia para aquella alemania, de cuya naturaleza compleja y enigmática, con perspicacia penetrante, examina lo bueno y lo malo, en su discurso «alemania y los alemanes» [«Germany and the Germans»], pronunciado en inglés en junio de 1945, con ocasión de su 70 cumpleaños, en la Library of Congress de Washington, repetido después en el Hunter College de Nueva York y publicado por primera vez en alemán en la «Neue Rundschau» (octubre 1945) editada por Bermann-Fischer en Estocolmo.
C. Basseggio

