Ensayo sobre los Fundamentos de Nuestros Conocimientos Y sobre los Caracteres de la Crítica Filosófica, Antoine Augustin Cournot

[Essai sur les fondements de nos connaissances et sur les caracteres de la critique philosophique]. Obra del filósofo y matemático francés publicada en 1851. ¿Sobre qué se fundamenta esta aparente relación entre nuestro espíritu y los pro­gresos científicos? Fuera de la experiencia inmediata, la idea de orden o de armonía se confunde sin embargo, puesto que la reflexión se aprehende a través del juego deductivo de las relaciones de dependencia y de subordinación. Asimilando lo proba­ble a lo relativo, Cournot vuelve a encon­trar la certeza del saber en ese lazo ínti­mo existente entre los fenómenos y la armonía que los justifica, esa noción subje­tiva de probabilidad, que engendra la no­ción de ley. La experiencia del azar se fun­damenta pues, también ella, sobre esta armonía, puesto que no es otra cosa que un encuentro de series diferentes y como la convergencia de sucesos distintos en su organización natural.

Edificando lo verda­dero sobre una aproximación de la simpli­cidad y de lo probable, se pueden deducir de esta noción de «orden» o de «armonía», los elementos críticos del conocimiento, los cuales permiten concluir con una acción dinámica e inductiva del saber en los diver­sos momentos de la experiencia sensible. Los fundamentos de nuestra certeza están pues constituidos más sobre esta anticipa­ción inductiva que reencuentra los ele­mentos del orden que por una posibilidad heterogénea en la inteligencia. ¿Acaso la in­coherencia de las cosas no atestigua más la carencia momentánea de nuestra propia co­hesión, que el desorden, que sería un azar objetivo en el mundo? Si «la distinción más apropiada para esclarecer la teoría del en­tendimiento humano, es aquella de la con­tinuidad y discontinuidad en los objetos del pensamiento…», si, «por una ley general de la naturaleza, la continuidad es la regla y la discontinuidad la excepción, tanto en el orden intelectual y moral, como en el orden físico», la armonía entre este mundo y la razón, elemento constitutivo de la cer­teza del que soy responsable — en el kan­tismo de Cournot reelaborado sobre una teoría de la probabilidad — es la imagen de una necesidad «absoluta», salvo en los dominios en que el mantenimiento del orden no es necesario, allí donde pueda nacer el desacuerdo y las discusiones meta­físicas.

Ciertamente, las diversas definicio­nes del azar son reducidas a la unidad, a «este encuentro de series independien­tes», que, lejos de destruir el determi­nismo, lo atomizan, por así decirlo. La existencia de la contingencia se ve pues li­mitada al movimiento mismo que la delimi­ta constituyéndola. Lo verdadero está cons­truido sobre esta síntesis de lo simple y lo probable. No creemos por tanto que sea posible llegar a la verdad absoluta; la rela­tiva toma de posesión de las relaciones dadas y ordenadas funda un movimiento progresivo del saber, el cual no se presen­ta sino a modo de una ley de tendencia según nuestra propia elevación en la je­rarquía de las disciplinas. De aquí la nece­sidad de recurrir a esta facultad del orden, «fruto del hábito adquirido o transmitido y de la acción prolongada de causas exte­riores». Este concepto de progreso emerge de las relaciones inteligibles y se deduce de esta concepción dinámica del saber; la positividad no tiene sentido sino integrada en un orden lógico que confiere a su natu­raleza mensurable y calculada un valor menos ontológico absoluto que creador. Las ideas jamás aniquilan la realidad. La im­portancia de este Ensayo fue grande para la filosofía universitaria francesa — Cournot fue Inspector general de la Enseñanza Pú­blica — en una época en que el kantismo y la formación del pensamiento de Auguste Comte parecían exigir una mayor pro­fundidad en la reflexión y una nueva de­finición de la certeza.