El Sofista o Del ser, Platón

Diálogo filosófico de Platón (427-347 a. de C.), importantísimo, porque además de la acusación contra la erística de los sofistas, contiene, como en parte lo indica el subtítulo, la corrección de la doctrina de Parménides sobre el ser. Es introducido como protagonista en este diá­logo — que forma con el precedente Teetetes (v.), y con el sucesivo Político (v.) una trilogía — el Forastero eleático, inno­minado discípulo de Parménides, personaje que en realidad expresa el verdadero pen­samiento de Platón en comparación con la ya superada doctrina de las ideas tras­cendentes. Se encuentran con Sócrates en la misma palestra que es escenario del Teetetes, Teodoro de Cirene, Teetetes, su com­pañero Sócrates el joven y el Forastero eleático que Teodoro presenta como el ver­dadero filósofo. A esto Sócrates pregunta cómo define al sofista; y el Forastero, to­mando su definición sobre el esquema dia­léctico de la definición del «pescador de caña», que ha hecho preceder, a manera de irreverente modelo, la define sucesivamente como un cazador de jóvenes ricos; un mer­cader de mercancías científicas; un reven­dedor de los productos propios y ajenos y casi maestro de la contradicción y atleta de la palabra; el campeón de una disciplina que tiene por objeto purificar el alma de los jóvenes y. elevarlos de la ignorancia al conocimiento de la verdad. Pero esta última definición capta más bien la esen­cia de la dialéctica, forma de actividad mucho más noble que el arte de los so­fistas.

Es necesario, por lo tanto, atenerse a la penúltima fórmula, la cual, substan­cialmente por la imposibilidad de la om­nisciencia que sería indispensable para se­mejante maestro, define al sofista como maestro de un arte ilusorio. Pero como la ilusión presupone en cierto modo la rea­lidad del no ser, ya excluida absolutamente por Parménides, para dirimir la cuestión será necesario que el Forastero corra el riesgo, por decirlo así, de la «acusación de parricidio», obligado como estará a de­mostrar contra Parménides que el no ser, en algún modo, es. El eleático, de este modo, emprende el examen del concepto del ser, que debe ser pensado, contra «los ami­gos de las ideas», como partícipe de movi­miento y reposo, de vida, de alma y de pensamiento; de manera que no es fácil entenderlo. Para aclarar el problema el eleá­tico examina la relación de las ideas entre sí, y concluye que algunas de ellas son asociables y otras no, como las letras del alfa­beto; quien se encarga de establecer en qué medida pueden ser asociables es el dia­léctico, el verdadero filósofo. Ahora bien, examinando la comunicabilidad de los gé­neros ideales (de los cuales son conside­rados los cinco supremos, esto es, el ser, el movimiento, el reposo, lo idéntico y lo diverso), se ve que el movimiento, por ejemplo, participa del ser, pero no es idén­tico a él, de manera que es, en cierto sen­tido, no ser, y así se nota en cuanto a to­dos los demás géneros. Así el no ser es admitido y explicado, no como lo contra­rio del ser, sino como lo diverso del ser, del mismo modo que lo no grande es di­verso pero no contrario de lo grande. He aquí superada de este modo la dificultad de Parménides, pues se admite que la alteridad acompaña siempre al ser.

Y también el discurso puede participar del no ser, en cuanto predique ser lo que no es, y vice­versa; de manera que, finalmente, queda derribada la fortaleza en que se atrinche­raban los sofistas, en cuyas manos la doc­trina de Parménides se había convertido en arma tan poderosa; de aquí la estrecha correlación entre los dos problemas: el de la posibilidad de la sofística y el de la posibilidad del no ser. Hegel juzgó que en este severo diálogo Platón llegó a la cima de su especulación; y verdaderamente, esta obra, en que parece desvanecerse toda in­tención artística para dar lugar a la más rígida arquitectura científica, con su atre­vido ataque a la filosofía eleática, aunque efectuado en forma todavía reservada, in­troduce un esencial fermento en la historia del pensamiento, estableciendo el dinamis­mo del ser y señalando de este modo un progreso enorme no sólo sobre Parménides, sino también sobre Sócrates y sobre el Pla­tón de las ideas rígidamente trascendentes (v. Fedro, Fedón, República). [Trad. espa­ñola de Patricio de Azcárate en Obras com­pletas, tomo III (Madrid, 1871) y en la edición argentina, tomo II (Buenos Aires, 1946)].

G. Alliney

Aristóteles es un campeón en el dibujo, Platón en el colorido. (Hamann)

Platón, el príncipe del refinamiento en la lengua y el estilo griego en prosa. (Leopardi)

Platón es la filosofía, y la filosofía es Platón. (Emerson)

En Platón todos los géneros puros de la prosa griega se hallan incontaminados en clásica individualidad, a menudo coexistentes, y sin embargo netamente separa­dos: el lógico, el físico, el músico, el pa­negírico y el místico. Fundamento y ele­mento universal es el músico; los demás se presentan a menudo sólo de manera epi­sódica.              (F. Schlegel)