El Renacimiento, Joseph-Arthur de Gobineau

[La Renaissance]. Cinco escenas históricas del escritor francés conde Joseph-Arthur de Gobineau (1816- 1882), publicadas en 1877. Cada escena lleva el nombre de un personaje del Renacimien­to italiano: Savonarola, César Borgia, Ju­lio II, León X, Miguel Ángel.

El título de la obra debía ser La flor de oro y había de publicarse con cinco ensayos introducti­vos, cada uno precediendo a la escena a que se refería. Después, Gobineau adoptó por título El Renacimiento y renunció a los ensayos, los cuales quedaron inéditos hasta 1918, en que Schemann los publicó en Ale­mania con el título original de toda la obra: La flor de oro. Poco después apare­cieron en Francia; en 1929 se publicó una edición francesa del Renacimiento en la cual cada «escena» va precedida de su ensayo correspondiente.

Las «escenas» son cinco monografías heroicas animadas de un soplo nietzscheano. Gobineau presta mucho de sí mismo a sus personajes; cada uno de ellos lleva aquel sello de «hijo de rey» que el escritor descubre con suma compla­cencia en su propio espíritu, que le había transmitido, al mismo tiempo que el des­precio por la «forma mentis» de la sociedad democrática y el amor por la aventura, su abuelo nórdico (v. Historia de Ottar Jarl). Las cinco «escenas» son una fuente de juicios acerca de la historia, la política, las artes y los hombres del Renacimiento; y los discursos que Gobineau pone en boca de los personajes atestiguan cuánto se había identificado con el esplendor de aquella épo­ca, la cual había tenido la fortuna de ser dominada por protagonistas como Savona- rola, volcán de anatemas ordenados por un espíritu reformador; como César Borgia, nacido para dominar y para vencer supe­rando todos los obstáculos sin reparar en los procedimientos; como Julio II, hogar de energías inextinguibles; como León X, enamorado de las artes en cuanto son ins­trumento de gloria; como Miguel Ángel, gigante que escala las nubes entre relám­pagos de tempestad.

L. Gigli

Barbey [d’Aurevilly] tenía más estilo que idea; Gobineau tiene más ideas que estilo. (Thibaudet)