El Pragmatismo: un Nombre Nuevo Para Algunos Viejos Modos de Pensar, William James

[Pragmatism: a new Name for some old ways of thinking; popular lectures on philosophy}. Bajo este título se reúne una serie de conferencias pronunciadas en 1906-1907 por William James (1842-1910), reunidas y publicadas en un volumen el año 1907.

Es la obra del popular filósofo americano que más se acerca a un tratado del sistema del Pragmatismo (v.), palabra derivada del griego «pragma», que significa acción, y usada por vez primera en 1878 por el inglés M. Charles Peirce, el cual, en su famoso artículo Cómo hacer claras nuestras ideas (v.,), sostenía que para desarrollar el con­tenido de una idea basta determinar la conducta que aquélla es capaz de suscitar. Este principio, recogido por James veinte años después, alcanzó prontamente gran difusión. El nombre de «pragmatismo» corresponde legítimamente sólo a la corriente que, en el último decenio del siglo XIX, se difundió por América y Europa, sobre todo por obra de James y Dewey.

James parte de la convicción de que ninguno de los sistemas filosóficos ha conseguido convencer totalmente, hasta ahora, porque el em­pirismo es inhumano e irreligioso y el ra­cionalismo se mantiene fuera de lo con­creto del mundo real. «Ninguna teoría puede aceptarse, de modo absoluto, como una transcripción de la realidad»; todas son ins­trumentales, modos mentales de adaptación a la realidad, más que revoluciones y res­puestas gnósticas a cualquier enigma del mundo, creado por la divinidad. El Prag­matismo es la única filosofía de que es capaz el hombre, ya que nuestra actividad cognoscitiva está impulsada y guiada, en cada uno de sus pasos, por nuestras prefe­rencias, intereses y necesidades. Por ello, en lugar de adoptar como criterio de ver­dad un principio intelectual y racional completamente impersonal, James adopta el principio de una filosofía que esté de acuer­do con nuestras necesidades y aspiraciones.

Partiendo de los principios pragmáticos no es posible rechazar ninguna hipótesis cuan­do traiga consigo resultados útiles para nuestra vida, y, por ende, lo verdadero es lo oportuno en nuestro modo de pensar, y lo justo es lo oportuno en nuestra manera de obrar. La verdad de una idea no es una propiedad existente de la misma; la verdad «sigue» a una idea; ésta llega a ser ver­dadera, o se hace verdadera, en virtud de los acontecimientos. La Filosofía, por con­siguiente, no comprueba la verdad, sino que la crea: «nosotros recibimos el bloque de mármol, pero esculpimos la estatua por nuestros medios». Se comprende cómo par­tiendo de este punto de vista no viese James en la filosofía más que un conflicto entre lo «delicado» (racionalismo) y lo «bárbaro» (empirismo).

El concepto prag­matista, más que establecer un principio de cohesión absoluta, tiende, así, a amortiguar los choques entre las diferentes doctrinas; podría considerarse como una forma de gnoseología biológica, que viera en el co­nocimiento una simple manera de adapta­ción vital y, en cambio, no alcanzara a darse por satisfecha y tratara de erigir el criterio práctico en criterio de validez ob­jetiva. Por esto el Pragmatismo se convirtió en Humanismo de tono distinto, según el ideal de vida que cada filósofo exprese. Para James, este ideal tuvo por fondo un pluralismo espiritualista, esencialmente di­námico y progresivo.

A. P. Marchesini