El Personalismo, Charles Renouvier

[Le Personnalisme]. Obra del filósofo francés Charles Renouvier (1815-1903), publicada en 1903. Desarrolla la concepción personalista, que tiene como presupuestos los Ensayos de Crítica General (v.) y está expuesta en forma dogmática en La Nouvelle monodologie (1899).

En oposición al criticismo kantiano, presenta el autor el neocriticismo como un relativismo y al mismo tiempo como un personalismo; por una parte, se funda en el principio de relatividad, repu­dia el realismo de la sustancia y reduce todas las categorías a la «relación», forma fundamental del pensamiento; por otra par­te, contra la filosofía kantiana, que rebaja a una realidad empírica y casi ilusoria todo cuanto es fenómeno, y con ello a la per­sona, negando la realidad del mundo feno­ménico e introduciendo el determinismo, la filosofía de Renouvier tiende a repre­sentar la síntesis total de los fenómenos y a definir el mundo real, el mundo viviente, bajo el aspecto de la personalidad; esto es, de la conciencia y de la voluntad.

El autor reemprende la crítica de las antinomias kantianas y vuelve a exponer la idea de la imposibilidad lógica de la extensión sin lí­mites de los fenómenos en el tiempo y en el espacio. La hipótesis de un comienzo absoluto se desenvuelve aquí en la defini­ción de Dios creador como persona, y en la explicación de la perfección de la persona divina y del mundo como obra de Dios. El problema del mal da origen a una teoría escatológica que incluye una cosmogonía. El escritor parte del presupuesto de un orden creado perfecto, orden fundado en la recíproca solidaridad entre la armonía de la naturaleza y la armonía social.

Este orden no es una absoluta e incomprensible ley divina, sino una organización racional. La idea de creación contiene la necesidad de una autonomía individual con respecto a la ley, de otra manera la creación no se dife­renciaría de la aplicación de la potencia divina a la producción de los fenómenos. El pecado original es la introducción de la injusticia, por obra del hombre, en la socie­dad primitiva, justa. El libre albedrío jus­tifica la existencia del mal y el hecho de la «caída». En la reconstrucción del orden primitivo perfecto, Renouvier define el sen­tido de la existencia y el fin moral del hombre. El personalismo lleva a una reno­vación de la monadología de Leibniz, basada en el reconocimiento de la analogía entre nuestro querer y la fuerza operante en los cuerpos, a la vez que en una relación entre la armonía natural y física y la armonía social y moral. La solidaridad íntima que liga en esta concepción el principio de cau­salidad y el de finalidad, constituye la armonía preestablecida. La teoría escatológica del personalismo se funda en la hipótesis de la pluralidad de los individuos que con­fluyen en una personalidad idéntica en su primero y último fundamento, llamados a reconstruir la unidad de esta persona a tra­vés de condiciones diversas.

Ello supone una análoga teoría cosmogónica, es decir, la ruina del mundo primitivo, su paso, a tra­vés de una nebulosa, del estado cósmico o unitario al estado astronómico o dividido, y la necesidad de una reconstrucción que permita realizar el «reino de los fines». La existencia adquiere así el carácter de edu­cación: es la preparación de la persona para la «vida de los fines». Lo que conseguirá como resultado de su «caída» es el conoci­miento del bien y del mal; ésta es la expe­riencia múltiple adquirida por todos los que en la tierra han sufrido o han hecho sufrir.

A. Denti