La Personalidad Humana y su Supervivencia a la Muerte del Cuerpo, Frederic W. Myers

 [Human Personality and Its Survival of Bodily Death]. Obra fundamental del inglés Frederic W. Myers (1843-1901), pu­blicada en 1903 y calificada por W. James como «la primera tentativa de considerar los fenómenos de la alucinación, el hipno­tismo, el automatismo, la doble personali­dad y la mediumnidad como partes inte­grantes de un mismo asunto».

La intención principal de esta obra es la de reducir el gran problema de la existencia de potencias trascendentes del alma humana y de su destino a materia de observación y experi­mento, haciéndolo entrar en el sistema científico como ciencia del alma. La perso­nalidad humana se presenta al autor como un agregado de innumerables entidades psíquicas inferiores, que explican los casos de personalidad múltiple y desintegración de la personalidad, mientras las irrupcio­nes del genio, el funcionamiento del sueño, las actividades de la hipnosis, el automa­tismo tanto sensorial como motor, los fenó­menos de «trance», las posesiones y éxtasis, hacen pensar en la existencia de un «Yo sublime».

La doctrina del Yo sublime, do­tado de facultades que trascienden el Yo consciente, y el papel preponderante que desempeña en los fenómenos metapsíquicos, es el centro de la obra de Myers. El Yo consciente no abarca toda nuestra concien­cia ni todas nuestras facultades. Existe una conciencia más comprensiva, una facultad más profunda, que en su mayor parte per­manece potencial y de la cual las facultades terrenas son sólo selecciones, pero que se reafirma en su plenitud después de la libe­ración de la muerte. «Esta hipótesis del Yo sublime puede explicar muchos fenómenos que se creyeron efecto de la acción inme­diata de un mundo espiritual externo. Pero si nuestros espíritus encarnados pueden, con la telepatía, actuar de modo que parece independiente del cuerpo carnal, es justi­ficado presumir que también pueden existir otros espíritus independientemente del cuerpo e influir sobre él». Myers se dife­rencia así tanto de los metapsíquicos a ul­tranza como de los espiritistas integrales.

En los nueve extensos capítulos de la obra exa­mina la vasta fenomenología metapsíquica, especialmente la subjetiva y mental, desde las mesas parlantes hasta los fantasmas de los vivos, con las visiones de difuntos, hasta el caso de comunicaciones mediúmnicas de noticias que presumiblemente ninguno de los vivos podía conocer, y de previsiones circunstanciales y verificadas en lo porve­nir. Con paciente análisis separa los fenó­menos preternormales que cree deber atri­buirse «al espíritu encarnado del agente o del receptor» (telepatía, telestesía, alucina­ciones, acción a distancia, bilocación, etc.) de aquellos residuos, trascendentales, refrac­tarios en su opinión a dicha atribución, como los casos extremos señalados.

Como su obra es en su mayoría un ataque crítico a la posición del espiritismo, se hizo repre­sentativa de la dirección científica del espiritualismo y se convirtió casi en programa de la «Sociedad para las Investigaciones Psíquicas» británica, mientras los metapsí­quicos a ultranza (Flournoy, Hyslop, Sudre) criticaron sus reservas, favorables a la in­terpretación espiritista de un residuo de fenómenos. Su obra queda, de todos modos, como la más poderosa tentativa de síntesis de todos los hechos psíquicos. Su idea de que «existe un mundo espiritual que, si se ha manifestado en cualquier época, actúa siempre y puede manifestarse y ser descu­bierto también ahora», y que «en lo pro­fundo del mundo espiritual que nos rodea está el secreto del Cosmos», sigue siendo el supuesto fundamental de toda investiga­ción metapsíquica.

G. Pioli