El egotismo en la filosofía alemana, Jorge Santayana

[Egotism in Germán Philosophy]. Obra del filósofo español nacionalizado en los Estados Unidos publicada en 1916. El autor quie­re presentamos el carácter general de la filosofía alemana, que consiste, según su criterio, en el «egotismo», o sea, en la ten­dencia a buscar en el yo la significación del mundo. Esta tendencia es religiosa, pero no con esa fe que se funda en la autoridad ex­terna, sino en una fe en el propio destino, en la propia voluntad, en la propia fuerza vital; es típicamente romántica, rebelde, aventurera y exaltada; es idealista, pero no en el sentido platónico; ama sobre todo lo que es imperfecto, inestable, inalcanzable. Podemos ya encontrar vestigios de la fu­tura filosofía alemana en el protestantismo que es, según el autor, la religión de lo anti sobrenatural, de la vida mundana exalta­da a la categoría de deber; y encierra el concepto de una fe primitiva no fundamen­tada sobre ninguna autoridad, sino sola­mente en la propia conciencia.

Del modo ca­racterístico de la filosofía alemana, el méto­do trascendental, que el autor define como «método de buscar la realidad en el propio pecho», se encuentran ya indicios en las mónadas de Leibnitz, encerradas en sí mis­mas pero no obstante conteniendo implíci­tamente todo el universo. Más explícito se hace el método en Kant el cual, incluso en la moral, para poner de acuerdo sus creen­cias morales con sus conclusiones teóricas se vio obligado a reducirlas a postulados de razón, volviendo a caer en el egotismo. Aparte del imperativo categórico, en cuan­to repudia como indigna de una voluntad virtuosa toda consideración de felicidad, contiene en sí el principio de un despiada­do fanatismo.

Una forma de egotismo ins­tintivo reconoce el autor en Goethe: éste no sentía simpatía por las cosas, sino tan sólo en cuanto éstas constituían experien­cias a través de las cuales su yo progresaba y se enriquecía. Pero el egotista perfecto es Fichte, que coloca al yo trascendental como fundamento del universo, y ve la naturaleza solamente como una ficción que el yo pro­duce para actuar en ella su esencia de acti­vidad libre e infinita. Fichte es también el más típico representante de aquel pangermanismo que tiene tanta importancia en la cultura alemana, puesto que el yo trascen­dental de Fichte se confundía con el pueblo germánico. El mismo Hegel ve en el hecho histórico no aquello que es, sino el «con­cepto» que él elabora, su sistema es, en rea­lidad, típicamente egotista.

La filosofía ego­tista alemana concluye en la demencia de Nietzsche que, incapaz de satisfacer su irre­frenable afán de vivir, transforma la pesi­mista voluntad de Schopenhauer en volun­tad de potencia que destruye todo valor, y crea el mito del superhombre que queda más allá del bien y del mal. Pero el superhom­bre nietzscheano no es más que la protesta del que ama la vida en su animalidad más desenfrenada y sufre porque no puede gozarla como tal: es una especie de super­hombre fisiológico, cuya aparición no des­pertaría más que horror. Aparecen así en la filosofía germánica los gérmenes de un «paganismo», de una religión de la vida como tal, que no ve fines ideales más allá de ésta, ni aspira a esa armonía que sola­mente puede llegar a conseguir el arte.

G. Cantoni