Arte poética en verso del poeta y dramaturgo sevillano publicada en 1606. Consta de tres epístolas en tercetos, la primera de las cuales se enfrenta con los grandes problemas dominantes del aristotelismo en el siglo XVI: la mimesis, el concepto de lo universal, el mito, la cuestión métrica, entendida como forma accidental de la poesía, la técnica de un idioma superior considerado como excepcionalidad de expresión. En la segunda se estudia el verso español, para destacar su belleza, su nobleza, y reivindicar su superioridad respecto a las correspondientes formas neolatinas, especialmente italianas. La tercera trata el problema del estilo elevado y de las formas métricas que mejor se adaptan a él, como la octava, el soneto, la canción y la sextina. Pero la parte más viva e interesante de la obra es la que, en esta tercera parte, está dedicada a la comedia nueva.
Lope de Vega se enfrentará con el tema en el tratado en verso Arte nuevo de hacer comedias (v.) donde intentará una neta distinción de géneros. Juan de la Cueva, en cambio, evita todo compromiso y se enfrenta decididamente con el problema del teatro. La comedia nueva es una abierta violación de toda técnica o experiencia artística. Pero no se recata en decir que la comedia clásica y sus imitaciones italianas y españolas son pobres de desarrollo y débiles de invención, por lo que resultan fastidiosas y pesadas, mientras por el contrario la nueva comedia española tiene una riqueza íntima, una variedad de situaciones y una fuerza vital que falta a las formas ya vacías de la comedia erudita. Las exigencias de los tiempos han abierto nuevos caminos y descubierto nuevos horizontes, sugiriendo criterios más claros, oportunos e indicados: mayor libertad y desenvoltura.
Pero el interés por la comedia nueva, en la mente de un hombre formado en el clima del Renacimiento, tiene que identificarse con ciertas normas de compostura y de decoro, que den al género cierta dignidad, como había sugerido Giraldi en su Discurso acerca del componer comedias y tragedias (v.). La tercera epístola precisamente traiciona este esfuerzo de conciliación, y justo acuerdo con la tentativa de fijar algunas normas que vengan a ser una poética de la comedia nueva: evitar vulgarismos y torpezas, aun a costa de sacrificar ciertas figuras y situaciones que disfrutaban del favor del público; limitar la confusión de los géneros, en el sentido de que, con la mezcla, la comedia no deje de ser comedia ni la tragedia, tragedia. Como es fácil advertir, el Ejemplar poético no difiere de los problemas, argumentaciones y concepciones del arte que se repiten en los tratadistas de la época.
Son frecuentes los motivos derivados de Horacio y Aristóteles; sensible y viva es la influencia de los tratadistas e intérpretes de la Poética (v.) de Aristóteles del siglo XVI, como Scaligero, Giraldi, Viperano, Minturno y el misterioso Mor anta, que no se consigue identificar, recordado a menudo con palabras laudatorias. Además busca ideas, argumentos y observaciones en Pinciano, Gonzalo, Argote de Molina, Fernando de Herrera y el italiano Ruscelli, conocidísimo en España. El ideal de un idioma aristocrático que se complazca en actitudes inusitadas, en vocablos escogidos con criterios d% dignidad y de decoro, y en neologismos, que el artista sepa expresar con un tono particular de vida, deriva, a menudo con identidad de expresiones, de las doctrinas propugnadas por Herrera en las Anotaciones a la Obra de Garcilaso. La historia y la exaltación de los versos españoles, comparándolos con los italianos y franceses, la reivindicación de su prioridad y directa derivación de las formas métricas griegas y latinas, recuerdan mucho los argumentos adoptados por Argote de Molina en el Discurso sobre la poesía castellana (1575).
Las observaciones sobre los caracteres particulares y sobre la capacidad expresiva de los diversos tipos de versos y de estrofas son sacadas en gran parte del tratado de Girolamo Ruscelli, Del modo de componer en verso en lengua italiana (v. Rimario de la lengua italiana). La obra de Juan de la Cueva carece de orden en su estructura y disposición de la materia, pero vive intensamente todos los problemas dominantes en la cultura del tiempo, que expone y refunde, si no con profundidad, al menos con discreta personalidad de miras. El ideal de una poesía superior, aristocrática y docta, domina en todas las partes de esta obra; es el supuesto de toda su argumentación y da un tono particular y colorido a todos los problemas.
La «querelle des anciens et des modernes» es también otro gran supuesto de esta obra y le da una entonación particular, especialmente por lo que se refiere a la nueva poesía española, de la que Juan de la Cueva reivindicó, con acentos de franco entusiasmo, el valor y la autonomía de ciertas formas métricas y la exuberante frondosidad de ciertos géneros literarios. Para él, como para ciertos tratadistas italianos, el poema caballeresco, la comedia y las nuevas formas de poesía, merecen ser aceptadas sólo en cuanto dejan de ser populares y asumen una compostura y seriedad, sujetándose a ciertas normas y acogiendo ciertos motivos de la tradición.
C. G. Crocetti

