El Catalejo Aristotélico, Emanuele Tesauro

[Il cannocchiale aristotélico]. Famoso tratado del conde Emanuele Tesauro (1591-1660?), pu­blicado en 1654 y varias veces aumentado y corregido. Propiamente se titula: El cata­lejo aristotélico, o sea, Idea de la aguda e ingeniosa elocución que sirve a todo el Arte oratoria, lapidaria y simbólica: examinada con los principios del divino Aristóteles [II cannocchiale aristotélico, o sia Idea dell’arguta et ingeniosa elocutione che serve a tutta l’Arte oratoria, lapidaria et simbólica: esaminata coi principii del divino Aristotele]. El autor, encontrando que la litera­tura del XVII ofrece posiciones rebeldes, y extravagantemente innovadoras, mientras que la retórica es todavía de tipo tradicional, intenta establecer las leyes del gusto con­temporáneo; partiendo de la teoría de la metáfora contenida en el libro III de la Retórica (v.) de Aristóteles, diserta acerca del ingenio y la «agudeza». Aunque no con­siga en substancia tomar en cuenta el valor de la fantasía (como será después en la in­tuición de Vico) y la considere pertinente a la esfera del intelecto, Tesauro distingue con otros de su tiempo, el «ingenio» del «in­telecto». Si la Dialéctica es difícil, la Re­tórica es fácil y llana: Aristóteles dice que la metáfora ayuda mucho a aprender por medio de sus «dulcísimos medios», y por esto Tesauro muestra la gran variedad de las agudezas verbales y lapidarias y de las simbólicas y figurativas (estatuas, emble­mas, letras). También los oradores sagrados comprenden la importancia de la «agudeza» y por ello adornan sus palabras con admi­rables agudezas, verdadero fruto de una retórica nueva.

Toda la civilización, es más, toda la Naturaleza (comprendiendo en lo creado también las actitudes de los ángeles y hasta de Dios), sobresale por su disposi­ción a la armonía y la vivacidad de la ex­presión: desde los antiguos hasta su tiempo el Tesauro considera los varios motivos me­diante los cuales se puede construir todo un nuevo sistema del gusto, basado en la metáfora y la argucia. El lenguaje en su variedad, y todo arte, desde el dibujo a la pintura y la arquitectura, ofrecen el ejemplo de cuánto puede el ingenio con su poder inventivo: hasta los bailes, los jardines, las acciones escénicas y los modos de vestir atestiguan un gusto que no puede ser el del pasado y que es característico de una época nueva. La formulación de «concep­tismo», o ciencia del gusto que va del arte poética a la oratoria, a los emblemas y a toda manifestación de la vida social y lite­raria, es importante, porque concede una razón histórica al gusto de la nueva poesía; independientemente de Baltasar Gracián y de su conocidísima Agudeza y arte de inge­nio (v.), publicado en 1642, Tesauro llega a formular una actividad que se podría, ya en embrión, llamar fantasía. El tratado, es­crito con mucha aridez de ejemplos y dis­cusiones doctrinales, no profundiza, sin em­bargo, la afirmación más importante, esto es, la de la valorización filosófica del gusto frente al intelecto y las reglas escolares. Muy notables históricamente por las discu­siones a que dieron origen son el capítulo V (acerca de las figuras patéticas y los diver­sos tipos de discursos) y el capítulo VIII, que es un verdadero «tratado de metafísica».

C. Cordié