Catalina, Taras Frigor’evic Sevcenko

[Caterina]. Poema del ucra­niano Taras Frigor’evic Sevcenko (1814- 1861), aparecido en la primera selección de sus poesías Kobzar (v.), en 1840. Catalina, sencilla muchacha ucraniana, seducida por un oficial ruso, es arrojada de su casa pa­terna y va a pie, llevando consigo a su hijo, hacia Moscú, en busca de su amado. Tras muchos sufrimientos y vagabundeos, encuen­tra a su seductor, pero es rechazada. Cata­lina acaba su triste vida en un lago y su hijo, con los años, se convierte en lazarillo de un mendigo ciego. Cierto día encuentra a un gran señor en un coche de seis caba­llos. La mujer que está a su lado queda im­presionada por la belleza del niño y su compañero reconoce en él el bellísimo sem­blante de Catalina, pero «se vuelve del otro lado y la nube de polvo envuelve a Juanito». En este poema el autor contrasta la ética rusa (.«el ruso ama jugando y jugando abandona») con la ética de la mujer ucra­niana, que «ama con todo el corazón» y lo sacrifica todo al amor, identificándolo con la misma vida, con sus severas normas de familia y de tradiciones seculares. De ahí la moraleja del poema: «Amad, ¡oh hermo­sas!, pero no a los rusos, porque los rusos son extranjeros y hacen daño». Pero el poe­ma tiene también un significado simbólico: la hermosa y desgraciada Catalina es Ucra­nia, seducida por los halagos de Moscú y luego abandonada al arbitrio del ejército ruso y de los numerosos burócratas mosco­vitas. Como fuentes literarias pueden citarse Clarissa (v.), de Richardson, Pobre Liza (v.), de Karamzin, y la Desgraciada Oksana, del escritor ucraniano Kvitka-Osnavjanenko.

E. Onatskyi