Disertaciones de Máximo Tirio

Forman un conjunto de 41 discursos de este retórico griego, que vivió probable­mente en la segunda mitad del siglo II, es­critos en un florido estilo de imágenes va­riadas y bastante artificiosas. El autor trata, en breves comentarios, diversos temas, la mayor parte derivados de la filosofía plató­nica. A menudo varias disertaciones tratan sobre el mismo asunto y, según el uso de los sofistas, demuestran afirmaciones contra­rias; por ejemplo, en una se afirma la supe­rioridad de la vida práctica sobre la teórica (15), en otra lo contrario; en una, la ma­yor importancia de los guerreros sobre los agricultores en la vida del Estado (23); en otra, la mayor importancia de los agricul­tores (24).

Muchas de estas Disertaciones fueron pronunciadas en Roma, donde Máxi­mo vivió por algún tiempo. Tienen interés especial, las que tratan sobre el demo­nio de Sócrates (8-9), sobre el eros socrá­tico (18-21), sobre los fines de la filosofía (29-33), sobre la oportunidad de la oración (5), sobre las enfermedades del cuerpo y las del espíritu (7), sobre la divinidad según Platón (11); sobre los discursos filosóficos (22); sobre la vida libre de dolores (28); sobre la utilidad de las desventuras (34). Máximo no es filósofo, sino sofista y no se propone crear nuevas doctrinas, ni demostrarlas de modo original, sino difundirlas en la vida práctica presentándolas en forma sencilla y agradable y amenizándolas con anécdotas y citas de poetas anteriores.

La tendencia platónica del autor aparece tam­bién en la elección de los temas; pero sus doctrinas están mezcladas con elementos va­rios además de los platónicos; pitagóricos, estoicos y sobre todo cínicos: la vida de Diógenes y de los cínicos se alaba especialmente en la «Disertación 36», y el influjo de la escuela cínica aparece en la interpretación alegórica con intención moral de las obras de Homero y de otros poetas y en el uso frecuente de ejemplos tomados de la vida de Sardanápalo y de otros personajes antiguos; es frecuente y bastante viva la polémica contra los epicúreos. Las Disertaciones es­tán compuestas en forma de improvisacio­nes, pero en realidad, están meditadas y es­critas en estilo artificioso, rico en figuras retóricas de todo género; la lengua se in­clina a la pureza antigua. Queda bastante por debajo de sus antecesores, porque se limita al campo retórico y carece de pro­fundidad. Máximo entra en la corriente moralizadora de escritores poco anteriores a él, entre los que se cuentan Dion, Plutar­co y otros muchos.

C. Schick