Discurso sobre la historia universal, Jacques-Bénigne Bossuet

[Discours sur l’Histoire universelle]. El autor, nombrado en 1670 preceptor del Delfín, se entregó con celo admirable a su cargo. Esta obra, que fue publicada en 1681, es la que más vivamente lo docu­menta. Como los demás de Bossuet, es en el fondo un libro de moral y de propaganda. Quiere enseñar a través de los hechos de la historia que una sola religión, la cató­lica, triunfa de todo conflicto y que sin ella incluso los imperios más fuertes caen en la ruina.

Examina por lo tanto en la primera parte los principales sucesos, desde los orígenes del mundo hasta Carlomagno, en la segunda la estabilización del cristia­nismo y su afirmación de siglo en siglo, en la tercera la caída de los diversos impe­rios, egipcio, asirio, persa, griego, romano. Si, conociendo lo que ha causado la ruina de cada imperio, podemos encontrar los me­dios para sostener a los estados, la misma historia universal resulta una gran lección, pues la idea de la Providencia regula las cosas del mundo y muestra el triunfo de la Iglesia frente al derrumbamiento de la más orgullosa potencia terrena.

Aunque bastante ajena a una verdadera metodo­logía histórica, la obra tiene importancia por algunas páginas penetrantes sobre esta o aquella época, por ejemplo sobre la grandeza de Roma, a través de la fuer­za de sus instituciones y de sus costum­bres. Una continuación del Discurso hasta Luis XIV, publicada postuma varias veces sobre notas de Bossuet, en muchos aspec­tos, desde el estilo hasta el pensamiento, aparece como un simple esbozo para ulte­riores refundiciones. [Trad. de F. Miquel y Badía (Barcelona, 1880), con la Conti­nuación, en 2 tomos; por J. M. Quadrado (Barcelona, 1881)].

C. Cordié

Bossuet: la vehemencia unida a la tran­quilidad.(Joubert)

Bossuet es más que un historiador: es un padre de la Iglesia. (Chateaubriand)

¡Juego de una imaginación poderosa, pero sin embargo, juego que se sirve de la ma­durez de un gran hombre para escribir con dedo mortal, sobre arena movediza, el plan eterno e inmutable de la creación! (Lamartine)