Discurso sobre la índole del placer y del dolor, Pietro Verri

(Discorso sull’indole del piacere e del dolore]. Una de sus prin­cipales Obras filosóficas, publicadas en edición íntegra en París en 1784, y refun­dición del juvenil discurso Sobre la fe­licidad. En el discurso se empieza distin­guiendo el placer físico del moral y se es­tablece que el primero deriva de una acción violenta ejercida por lo externo sobre lo físico; el segundo, por la esperanza. El «placer moral está siempre acompañado por la esperanza de existir mejor que ahora.

De modo que antes de que nazca el pla­cer moral hemos de sentir un defecto, algo que falte a nuestro bienestar, y sen­tir un defecto a nuestra felicidad es una sensación desagradable y dolorosa; así el placer moral está siempre acompañado de la cesación de un mal». La misma natura­leza de cesación del dolor, referida por Verri al placer moral, es, según su opinión, propia de los placeres físicos, los cuales consistirían precisamente en la cesación de ‘dolores físicos. Entre los dolores Verri distingue los que «más o menos todos los hombres sufren sin distinguir exactamente la causa», a los que llama «dolores domi­nantes»; a la cesación de éstos participa­rían las bellas artes, que, concentrando la atención, distraen al hombre de esos dolo­res indefinibles y vagos.

Entre las artes está designada como arte por excelencia, en cuanto más apta para sugerir diversas sensaciones y ser interpretada libremente, la música. Además está considerado, como esencial del arte en general, el contraste, como el medio más apto para atraer la aten­ción y procurar el placer: «el gran arte consiste en saber proporcionar al especta­dor pequeñas sensaciones dolorosas y hacerlas cesar rápidamente, con gran destre­za, y tenerlo siempre animado con la espe­ranza de agradables sensaciones, de suerte que esté de continuo ocupado por los ob­jetos propuestos y, una vez terminada la acción, al recordar la serie de sensaciones recibidas, se le antojen una sucesión de co­sas agradables y esté contento de haberlas experimentado». Buena parte de estas ideas estaban ya difundidas en la filosofía sensista dominante en la época de Verri. Es in­teresante advertir por otra parte que este libro contribuyó a consolidar las ideas de Leopardi en torno a la vanidad del placer (v. La calma después de la tempestad).

S. Spellanzon