Del Ente y la Esencia, Santo Tomás de Aquino

De Ente et Essentia]. Breve tratado de Santo Tomás, uno de los pri­meros que compuso, antes de ser nombra­do «maestro», es decir, antes de 1254. El propósito de Santo Tomás es definir los términos «ente» y «esencia», y buscar los caracteres propios de la esencia en los diversos órdenes de las cosas. Es preciso señalar, en primer lugar, que la palabra «ente» se predica tanto de las cosas como de las proposiciones (aun cuando nada en la realidad se corresponda con éstas), lue­go, que la palabra «esencia» no puede afirmarse más que de las realidades.

Estas se dividen en sustancias y accidentes. A pe­sar de que las substancias simples sean su­periores a las substancias compuestas, con­viene estudiar las segundas en primer lugar, ya que por la debilidad de nuestro intelecto, que es a su vez una substancia com­puesta, éstas no son más accesibles que las substancias simples. ¿Qué expresa, pues, la esencia en las substancias compuestas o ma­teriales? No expresa la materia sola, pues ella no basta para hacemos conocer la subs­tancia, ni la forma sola (esto se afirma con­tra la doctrina de Averroes), pues la defi­nición de una substancia material debe comprender tanto la materia como la for­ma; ni, igualmente, una relación entre la materia y la forma: esta relación sería un accidente y la esencia no llegaría a explicar la cosa misma. La esencia, es pues lo exis­tente, la «conjunción» (Conjunctum) com­puesta de materia y forma. ¿Cuáles son, entre tanto, en las substancias compuestas, las relaciones de nuestros conceptos lógicos (diferencia, género, especie) con la forma? La diferencia pone de relieve aquello que determina al ser y le obliga a incluirse en una especie dada (así para el hombre: racional).

El género da a conocer una de­terminación menor, común a muchas espe­cies (así para el hombre: animal). La espe­cie, al contrario, designa a la vez una materia determinada y una forma deter­minada. Diferencia, género, especie, desig­nan pues una misma realidad, pero consi­derada bajo distintos puntos de vista. Santo Tomás examina a continuación la esencia en las substancias simples, angélicas, in­materiales. Esta parte completa se funda­menta en el estudio de la forma una vez separada de sus límites materiales. También, contra sus contemporáneos, afirma que no existe en absoluto entre las criaturas angé­licas lo compuesto de materia y forma. La forma puede muy bien existir sola, incluso en las substancias compuestas; ¿acaso no es algo distinto de la materia y superior a ella? Ella no implica, de sí, ninguna de­pendencia con la materia (salvo la forma humana que es una forma material). Las substancias simples son, pues, formas pu­ras: y, como la individuación en las subs­tancias compuestas proviene de la materia, sería imposible entre los ángeles la distin­ción entre especie e individuo.

Hay allí tantos individuos como especies. Forma pura, aunque inmaterial, la substancia angé­lica no es simple. Si bien no existe en ella la distinción materia-forma, existe en cam­bio la distinción esencia-existencia. Santo Tomás afirma la contingencia radical de las criaturas, incluso de las más elevadas: ya que la esencia no implica la existencia, es preciso afirmar la creación y la compo­sición. El filósofo esboza entonces una de­mostración de la existencia de Dios, por la imposibilidad de remontar hasta el infinito la serie causal de los seres contingentes. Dios forma, Acto puro, en el que la esen­cia comprende la necesidad de la existen­cia, de tal modo que esencia y existencia se identifican. Sería pues imposible incluir a Dios en un género.

No obstante Dios no es en absoluto el Ente indeterminado; in­dividualizado en su absoluta perfección, excluye toda adición. El tratado concluye con una exposición de la teoría de la esen­cia en los accidentes: éstos no pueden sub­sistir por sí solos. Son como la expresión, la dilatación, la plenitud de la substancia. No tienen otra existencia que la suya. Este tratado, que contó siempre con un gran número de oyentes, puede presentarse como una ruptura con el esencialismo platónico tradicional en la Edad Media. En efecto, el punto de vista constante de Santo Tomás es aquí la existencia: puede apreciarse so­bre todo en el pasaje dedicado a probar la existencia de Dios. Dios no está solo en la cumbre de la esencia como sucedía con el platonismo cristiano, sino también en la cumbre de la existencia.