Del Electricismo Artificial y Natural, Giovambattista Beccaria

[Dell´ Elettricismo artifiziale e naturale]. Obra publicada en 1753. Este trata­do, en dos volúmenes, presenta un cuadro completo de todos los fenómenos eléctricos hasta aquel entonces conocidos y además recoge numerosas observaciones y experien­cias originales del mismo autor. El primer volumen de la obra se inicia con las defini­ciones de electricismo (que él considera como un «vapor» particular que penetra todos los cuerpos), de los signos eléctricos, de cuerpos electrizados. A propósito de los signos eléctricos Beccaria describe una ori­ginal experiencia suya, por la que es posi­ble observar sobre una punta metálica elec­trizada dos aspectos diversos del fluido eléctrico: de «copo» y de «estrella».

El autor admite que el copo corresponde al vapor eléctrico que sale de la punta, mientras que la estrella corresponde al vapor eléc­trico que entra en la punta, de lo que Bec­caria deduce que «en todos los cuerpos, por lo menos en los que son eléctricos por comunicación, se difunde una cierta canti­dad de vapor eléctrico» y los diversos signos eléctricos corresponden al exceso o defecto de tal vapor contenido en el cuerpo. Se describe además la falta de uniformidad de la distribución de las cargas eléctricas en los conductores de distinta forma, y, es­pecialmente, se observa que «el vapor eléc­trico al pasar por el interior de una sustan­cia electrizable por comunicación, donde se restringe el espesor de dicha sustancia, se condensa proporcionalmente y crece en fuerza y actividad».

Siguen después expe­riencias comparativas sobre el paso de las cargas eléctricas en el agua y en los meta­les y el autor observa que es mucho más difícil el paso de la descarga en el agua que en los metales, aunque también éstos opo­nen cierta resistencia, resistencia que es proporcional a la longitud de la porción de metal atravesada por la descarga. En este libro el autor distingue netamente los ais­lantes (o cuerpos electrizables por origen, es decir mediante frotación, calentamiento, fundición) de los conductores que llama electrizables por comunicación, es decir por contacto o por influencia. Es notable la idea que Beccaria se ha hecho de los con­densadores,. ya que, en el fondo, sostiene que su capacidad es tanto más grande cuan­to mayor es la superficie de sus armaduras y menor su distancia.

En el segundo libro Beccaria se ocupa principalmente de la elec­tricidad atmosférica y descubre que, con­trariamente a lo que entonces se creía, la electrización de las nubes puede ser tanto de un signo como del otro. Demuestra que los fuegos de San Telmo, penachos lumi­nosos que aparecen a veces en la extremi­dad de puntas metálicas dirigidas hacia el cielo, no son más que efluvios eléctricos; intenta por fin explicar como manifestacio­nes eléctricas algunos fenómenos naturales; las trombas marinas, los terremotos y las auroras boreales, que sostiene se deben a descargas en los gases rarificados. En ar­tículos anteriores, el autor había observado a este propósito que en un tubo de aire rarificado la descarga eléctrica ya no se presenta bajo forma de chispa, sino de «un rayo unido más amplio y más tenue». Sobre los pararrayos de Franklin el autor se mues­tra reservado, aunque no hostil como se ha dicho. Se limita a exponer algunos hechos, en general contrarios, (alguno que otro es favorable) y a proponer nuevas ex­periencias.

O. Bertoli

*             Entre las muchas obras que Beccaria dedicó a la electricidad, Cartas sobre el elec­tricismo (1758), Del electricismo artificial (1772), Gradus Taurinensis (1774), De la electricidad terrestre atmosférica (1775), la más notable es la segunda. Del electricismo artificial fue apreciada de tal manera en el extranjero que Benjamín Franklin, que ha­bía llegado al invento del pararrayos (1752) a través de* investigaciones de este género (v. Experimentos y observaciones sobre la electricidad), aconsejaba su lectura, y él mis­mo se preocupó de la traducción de la obra al inglés. El autor discute ampliamente la cuestión de la atmósfera eléctrica; niega la existencia de un particular fluido eléctrico que envuelve los cuerpos electrizados, pero admite en cambio una especie de polariza­ción del aire que los rodea, debido a una fuerza especial que empuja el vapor eléctrico para que salga del conductor al aire mismo.

El autor enumera después otras numerosas experiencias sobre la distribución de las car­gas eléctricas en la superficie de los conduc­tores y describe, a este propósito, el llamado «pozo eléctrico» o «pozo de Beccaria», que consiste en un rollo metálico sostenido por un soporte aislador. Si se introduce en él una carga; tocando las paredes interiores del pozo con un cuerpo electrizado, se observa que la planchita de prueba, al tocar dichas paredes, no revela ninguna carga eléctrica, mientras que si la planchita es puesta en contacto con la pared exterior del pozo se produce una atracción; esta experiencia in­dujo a Beccaria a afirmar que la electrici­dad se distribuye «en la superficie libre de los cuerpos, sin difundirse lo más mínimo en su interior». (En verdad Beccaria, en vez de la planchita de prueba, emplea el «en­sayador», es decir un pequeño electroscopio aislado.) Se describen otras investiga­ciones relativas a las descargas en los ga­ses rarificados que, ya en las experiencias del autor, presentaban el mismo aspecto de las obtenidas por las investigaciones de los modernos experimentadores. En este libro Beccaria sostiene su teoría de la electricidad vindicadora, que ya había sido combatida en su primer trabajo por Alessandro Volta.

En su opinión, cuando un aislante electri­zado se pone en contacto con un conductor pierde su carga, pero la «reivindica» cuan­do se aleja del conductor. La misma idea fue más tarde sostenida bajo otra forma por Melloni y Volpicelli. Es equivocada, pero menos de lo que se podría creer, ya que todo o casi todo ocurre como si fuera cier­ta. El conductor, en efecto, se carga por in­fluencia de electricidad de nombre contra­rio y las dos cargas, muy cerca una de la otra, se neutralizan en gran parte. Una vez perdido el contacto, la carga del aislante es nuevamente libre. Es cierto que Beccaria, diligente y agudo experimentador, conocía perfectamente los fenómenos de las láminas aisladoras electrizadas.

O. Bertoli