Electra, Eugene Gladstone O’Neill

[Mourning becomes Electra]. Trilogía dramática americana publicada en 1932. Son tres dramas íntimamente unidos en los que, en una atmósfera de pasiones implacables, de morbosidad obsesionante, encontramos elementos de la Orestiada de Esquilo, una Orestiada transportada a una ciudad americana en los años 1865 y 1866. En el primer drama, El retomo [Homecoming], Ezra Ammon, general, juez y al­calde perteneciente a una rígida familia de tradición puritana, regresa victorioso de la Guerra de Secesión.

Durante su ausencia, su mujer, Cristina, se ha entregado al amor de un aventurero, el capitán Brant; pero también la hija de Ezra y de Cristina, Lavinia, se ha enamorado de Brant, y cuando descubre la intriga amorosa, empujada por un loco frenesí, mezcla de inconscientes ce­los hacia la madre y  despecho por el engaño realizado contra el padre, amenaza revelarlo todo. Cristina, aterrada, pero in­capaz de abandonar a Brant, se hace dar por éste un veneno y, después de haber pro­vocado en su marido, enfermo del corazón, una profunda crisis, al revelarle la tarde misma de su regreso su propia culpa, le da como medicina la droga que le mata. Nadie sospecha la verdad, excepto Lavinia que ha escuchado las últimas palabras de su padre acusando a Cristina.

En el segundo drama, bajo el título de El cazador, regresa también de la guerra el hermano de Lavinia, Orin; la madre intenta reconquistar el cariño del hijo que siempre ha sido su predilecto, bus­cando con su propia ternura el impedir que él pueda creer las acusaciones de Lavinia. Pero ésta, después de haberle hecho pro­meter que matará a Brant si logra demostrarle la verdad de sus palabras, le conduce a la nave de éste, donde puede asistir a una entrevista en la que Cristina intenta convencer a su amante de que huyan a las islas felices del sur, lejos de todos. Apenas marcha la madre, Orin furioso mata a Brant, mientras Lavinia prepara fríamente una coartada que haga aparecer el delito como un intento de robo seguido de huida. Cuan­do Cristina oye de labios de su hijo la verdad, desesperada se mata. En el tercer drama, que se titula Obsesión, ha trans­currido un año desde la acción del anterior. Lavinia y Orin regresan de un largo viaje por los mares del Sur; Lavinia querría ol­vidar el pasado y casarse con un joven que la ama desde hace mucho tiempo, pero teme que Orin, a quien con frecuencia acometen serias crisis de melancolía y morbosidad, acabe por revelar a alguien la verdad.

Por tal motivo le vigila constantemente e in­tenta alejar de él a la joven Hazel que le ama y querría salvarle. Orin, obsesionado, se mata con la misma arma con que se mató la madre, cediendo así al destino in­soslayable, Lavinia renuncia al amor y se encierra en la vieja casa llena de fantas­mas, de culpas y de muertes, como en una tumba: el ciclo se ha cumplido, Némesis ha conseguido todas sus víctimas. O’Neill, el mayor de los dramaturgos norteamericanos, obtuvo el premio Nobel en 1936. En esta obra, que representa su máximo esfuerzo dramático, se da la tragedia de los instintos desencadenados en un mundo dominado por el puritanismo, en el que todo es fría máscara inanimada y hacia el cual se «di­rige muy bien la muerte». Afirmándose con un teatro netamente norteamericano, que encontraba en él su creador, apoyándose sobre los instintos más elementales, sobre los motivos primordiales que el hombre halla ^ en sí, O’Neill parece querer en esta trilogía integrar su propia visión con ele­mentos propios de la cultura europea: por una parte el clasicismo, por otra Freud. Posturas extremas que en el fondo se hallan siempre presentes en el teatro de O’Neill, en el que se entremezclan una extraordi­naria ordenación y un profundo conoci­miento.