Drama en cinco actos estrenado en el teatro Español de Madrid la noche del 30 de enero de 1901. Y no sólo el estreno, sino numerosísimas representaciones de esta obra exigieron suma atención, y protección de la autoridad encargada de velar por el orden público; la alteración del mismo partía del argumento de la obra; una niña, Electra, hija de un matrimonio desgraciado en su convivencia (lo cual atrajo sobre ellos los apodos de Electra y Agamenón), huérfana desde muy niña, es educada primero en un convento, luego en casa de una parienta, luego en casa de unos acaudalados tíos, Evarista y Urbano, cuya única preocupación es emplear todo el dinero que ganan, y que es mucho, en obras de caridad.
Hospitales, refugios de pecadores, beneficencia social, todo encuentra apoyo en estos señores dadivosos y de buen corazón…, señoreados a su vez, sin embargo, por Pantoja. Pantoja parece un delirante, no un ser normal, acometido por empeñosa manía de santidad más bien ajena que propia. La sombra de Electra I (de Eleuteria, la madre de Electra II) gravita sobre la conciencia de Pantoja y de Cuesta, administrador y, agente de negocios de los tíos de Electra. Estos, a su vez, tienen otro sobrino: Máximo, un investigador científico, viudo joven con hijos chiquitos, que mantiene amistad sana y luego noble amor con Electra, con la que se quiere casar.
Pero a la pobre e inocente muchacha la turban, primero Cuesta con su tembloroso acercamiento y su doliente oferta de velar por ella y cederle todos sus bienes, ya que él se siente morir — está muy grave del corazón— y, sin decirlo abiertamente, se achaca la posible paternidad de Electra. Luego, Pantoja; que también se cree o se finge creer padre de la joven. Pero éste quiere arrastrarla al convento, en donde ya recluyó a Eleuteria hasta la hora de su temprana muerte, enterrándola allí. Una lucha feroz, sorda, abierta, violenta, se entabla entre Máximo, enamorado y ansioso de liberar a su amada de las garras que la amenazan, y el melifluo, indomable, Pantoja; en su obsesión, este hombre no duda en calumniar al padre de Máximo, acusándole de amante de la madre de Electra y de padre de la muchacha. Un viejo amigo de todos, un marqués que por haber sido libertino parece de vuelta de tocaos los afanes mundanos, ayuda a Máximo a recuperar a la pobre Electra, medio loca ya y recluida por Pantoja en el convento.
C. Conde

