[Pereyiska iz dvuch uglov]. Epistolario de Vjaceslav Ivánovic Ivánov (1866) y Michail Osipovic Gersenzon (1869-1925), publicado en 1921. Es una espontánea correspondencia de un rincón a otro de la misma habitación en un «sanatorio para trabajadores de la ciencia y de las letras», en Moscú, en el año 1920, cuando mayores eran los ímpetus de la revolución.
Las doce cartas, cambiadas entre dos de los representantes más ilustres de la vida espiritual de entonces, entre el poeta Vjaceslav Ivánov y el historiador Michail Gersenzon, son una evocación de la perenne y proteiforme lucha entre el realismo y el nominalismo, entre el culto del «thesaurus» y la nostalgia de la «tabula rasa». En este silencioso llamarse y contestarse «entre dos rincones» se discute «sub specie aeternitatis» aquel mismo problema que había agitado las almas de la Revolución Francesa, el de la valuación de la cultura. Según el parecer de Gersenzon la cultura traicionó su misión y, siendo ahora ya sólo una búsqueda de los medios más adecuados para explotar las fuerzas vivas, prepara su misma perdición. «La cultura nos ha envuelto con cultos fallecidos tiempo ha, ha levantado un polvo verbal de abstracciones lógicas y, cubriendo con este polvo a Dios, también cubrió lo que se llama el yo». «Gran felicidad sería la de tirarse al río Leteo y purificar en él el alma, sin que quede ninguna traza del recuerdo de todas las religiones y de los sistemas filosóficos, de toda la sabiduría, de las doctrinas, de las artes, de la poesía, y volver a la orilla desnudo, como el primer hombre, ligero y jocundo.»
Según Ivánov la cultura es el culto de los desaparecidos, y «la Memoria Eterna» el alma de su vida. Nosotros estamos llamados a organizar la Memoria sobre la tierra, y a crear las señales de la Memoria. El culto de la Memoria es la única justa actitud frente a la cultura y el único camino para la liberación del alma en el mundo, es decir para la ión del hombre, y, junto a él, de toda la naturaleza creada, en Iglesia mística. «Yo afirmo que la memoria nos libera, mientras el olvido trae consigo la esclavitud y la muerte… El sentimiento exasperado del insoportable peso de la herencia cultural que os abruma brota del hecho que los hombres viven la cultura no como un vivo tesoro de dones, sino como un sistema de las más sutiles constricciones… Para mí, en cambio, ella es una escala de Eros y una jerarquía de veneraciones.» La Correspondencia, afirma el conocido crítico Ernst Robert Curtius, «es, después de la obra de Nietzsche, la más importante sobre el humanismo». Traducción italiana de Olga Resnevic (Lanciano, 1932).
O. S. Resnevich

