Conocimiento y Error, Ernst Mach

[Erkenntnis und Irrtum]. Obra filosófico-científica de Ernst Mach (1838-1916), publicada en Leip­zig en 1905. Se trata de conferencias popu­lares, con las que el autor quiere hacer accesibles al público no especialista las ideas desarrolladas por él de manera rigurosa­mente técnica en sus grandes obras, en par­ticular en el Análisis de las sensaciones (v.). La vida biológica está regulada por un gran principio, el principio de la «economía», con arreglo al cual todas las funciones tienden a obtener el máximo resultado vital con el mínimo empleo de fuerza biológica. Por lo que toca al saber, a la ciencia, también esto es un producto de funciones vitales. Todo lo que sabemos se asienta únicamente sobre las «sensaciones». Entre éstas, existen relaciones constantes, relaciones que la me­moria y la asociación de ideas tratan de aislar, formando así las nociones de las co­sas. Las ideas son, por tanto, a su vez, sen­saciones que, en virtud del principio de economía del pensamiento, «tienen catego­ría» de conjuntos de sensaciones cuando, para los fines prácticos y vitales de éste, sólo interesan las relaciones constantes y previsibles. Entre las relaciones que de las sensaciones persisten, hay que distinguir dos tipos fundamentales: las unas son indepen­dientes de mí, de mi posición y de mis disposiciones, y constituyen el «físico»; las otras dependen por el contrario de mis dis­posiciones; sobre ellas yo ejercito una influencia, y constituyen el «yo», o lo «psíqui­co».

Por tanto, «psíquico» y «físico», «yo» o «naturaleza» son dos clases de formaciones empíricas, posteriores a la sensación, que en sí misma no es ni física ni psíquica, ni subjetiva ni objetiva; ella es el substrato o «prius» absoluto. Lo físico, por otra par­te, es lo que se da inmediatamente a to­dos (intersubjetivo); lo psíquico es aquello que es dado inmediatamente a uno solo (subjetivo). El objeto de la ciencia consiste en fijar las relaciones entre las sensaciones, formando así las ideas que, por economía de energía psíquica, sustituyen a las sensa­ciones y sirven para proveerlas; las ideas, mediante las hipótesis, han de relacionarse del modo más armónico y más simple po­sible, tratando (siempre en virtud del prin­cipio de economía) de ser lo más genera­les posible, y de unificar lo más que pue­dan todos los campos que a primera vista parecen diversos. La ciencia se construye progresivamente adaptando poco a poco las ideas a los hechos y las hipótesis a las ideas. El error es la falta de adaptación de las hipótesis a las ideas y de éstas a los hechos: cuando se descubre un error surge un problema, cuya solución lleva consigo la creación de nuevas hipótesis y de nue­vas ideas. La ciencia tiene un alto fin so­cial, el de elaborar la técnica de los ins­trumentos para la vida y la técnica de la vida asociada (moral y política); y todas las ciencias son solidarias entre sí.

En esta obra, el pensamiento positivista, recogiendo la herencia del siglo XIX y de las corrien­tes de revisión de los supuestos del intelectualismo y del cientificismo como, por ejemplo, fue el pragmatismo, concreta en un nominalismo radical sus métodos de inves­tigación, acercándose así al convencionalis­mo que por el mismo tiempo elaboraba Poincaré: junto a él anticipa y prepara vi­gorosamente los estudios y análisis y la crítica de la ciencia que, como fresca vena de libre y fecundo racionalismo, floreció en muchos países europeos y americanos. Mach fue el fundador del neopositivismo de Viena.

G. Preti