Comparación entre la «Fedra» de Racine y la de Eurípides, August Wilhelm Schlegel

[Comparaison entre la «Phédre» de Racine et celle d’Euripide]. Ensayo crítico de August Wilhelm Schlegel (1764-1845), publicado en Pa­rís en 1807. En este escrito que precedió al Curso sobre el arte dramático (v.), el he­raldo del romanticismo alemán no niega la belleza de los versos de Racine, en los «morceaux», pero en cuanto a la concepción, al dibujo de caracteres y a composición, juzga muy superior la correspondiente tragedia griega. Ya la protagonista del drama griego es mucho más lineal y fundamentalmente «trágica» que la de Racine; sólo habla a su nodriza y al coro; no dirige la palabra a Hipólito; muere antes de la vuelta de Teseo. Es terrible su calumniosa denuncia con la que, ya muerta, arruina a un inocente, pero sus impulsos son grandiosos: tiene que sal­var su honor y el de sus hijos, y quiere vengarse del desprecio de Hipólito. La Fedra francesa habla, discute, conspira, denuncia a Hipólito, aún peor, le hace denunciar por su criada, luego trata de disculparle; los celos por Aricia, si explican su furor, tur­ban la línea de la tragedia clásica.

Teseo es en Eurípides una figura venerable: el primer legislador de Atenas aparece como un ma­rido afectuoso y un padre compasivo; llega, con la cabeza coronada de ramas, como quien acaba de hacer una peregrinación. En Racine es presentado como un rey vaga­bundo que corre mundo en busca de quién sabe qué aventuras. Que ejerza sobre el hijo una inexorable autoridad, se explica en Eu­rípides, después de la acusación póstuma de Fedra; no en Racine, donde Fedra, viva, debería ser enfrentada con el acusado. Pero la peor tratada es la figura de Hipólito, que en nada se distingue de los demás príncipes galantes y suspirantes de Racine, mientras en Eurípides es verdaderamente de natura­leza divina y en su belleza virgen y heroica, en su fiera castidad, encontramos la imagen de su madre la Amazona. Schlegel discute también a Racine el mérito, exhibido por éste en su prefacio, de hacer triunfar la mo­ral, mostrando premiada la virtud y casti­gado el vicio. No es — dice — moralidad, sino utilitarismo práctico; cuando en el miste­rioso juego de las vicisitudes humanas a menudo sufre el bueno y triunfa el malva­do, sólo puede ser verdaderamente moral el espectáculo del magnánimo en fiera lucha con la adversidad. Schlegel termina el pa­ralelo traduciendo el episodio de Eurípides de la muerte de Hipólito, que en aquel dra­ma se produce en escena, mientras en Raci­ne, con eficacia mucho menor, es explicado por un amigo.

B. Allason