Comparación entre Antiguos y Modernos, Charles Perrault

[Paralíeles des anciens et des modemes]. Famosos ensayos franceses de Charles Perrault (1628-1703), publicados en los años 1688 y 1697. Originados por la dis­cusión pública del Siglo de Luis el Gran­de (v.), del mismo autor, ofrecen una mate­ria polémica comparable a la ágil Digresión sobre los antiguos y los modernos (v.), de Fontenelle. En los jardines de Versalles se encuentran un abate y un caballero, a los «cuales se une un alto magistrado, y su con­versación recae sobre el interés con que siempre se estudia a los antiguos y sobre la reserva que los eruditos oponen a las obras de los modernos. El magistrado con­fiesa que siente una gran simpatía por los antiguos, pero el caballero, acostumbrado a la vida de sociedad y a las discusiones atre­vidas, muestra su conformidad con el pensa­miento de Perrault, quien en el Siglo había afirmado públicamente la superioridad de los modernos.

El abate, que puede represen­tar al propio autor, con su festivo buen na­tural y su tranquilo discurrir, concilia los opuestos puntos de vista, mostrando el in­terés que los modernos revisten en sus obras originales: todo lo que han aprendido de los griegos y de los latinos se revela, no en una simple imitación clasicista, sino en una in­mediata potencia creadora. El primer diá­logo ilustra la «predisposición extremada- mente favorable que se siente por los an­tiguos»: errores de educación literaria hacen que se alabe a griegos y latinos sólo por el hecho de que pertenecieron a siglos pasa­dos y que sobre ellos ha pasado la acción del tiempo; el segundo trata de la arquitec­tura, de la escultura y de la pintura, y pro­clama que los modernos han aventajado sin discusión a los antiguos, del mismo modo que el Louvre es más bello que el templo de Éfeso o el Coliseo, e incluso que el francés Lebrun ha vencido en pureza de creación al mismo Rafael, excelente pintor entre los italianos modernos. De donde se confirma con todo rigor la ley de progre­so: a causa del mismo avance de las ciencias todas las artes encuentran nuevos caminos y se colocan en la posición de sinceras afir­maciones de un pensamiento y de un senti­miento.

El tercer diálogo trata de la elo­cuencia, el cuarto de la poesía y el quinto de las ciencias. Ninguno de entre los lite­ratos modernos puede negar que Pascal es superior a Platón o Boileau a Horacio y Juvenal, a riesgo de levantar una barrera ante las propias actividades y encerrarse en una simple imitación de formas antiguas. El es­tudio de la psicología ha progresado junto con el de las ciencias propiamente dichas: es justo, pues, que el arte que de ellas se vale para sus realizaciones no tenga que envidiar a las elucubraciones de los anti­guos. Estos escritos de Perrault se convir­tieron muy pronto en uno de los más soco­rridos motivos de la polémica de los anti­guos y de los modernos; pero, aparte de su interés inmediato, conservan una vivacidad digna de encomio por el modo de argu­mentar y por su confianza en los contempo­ráneos. Es evidente que en la discusión doc­trinal Perrault se apoyaba sobre una pre­tendida superioridad de las letras y de las artes según un progreso científico, y por el contrario era totalmente extraño a la afirmación de un nuevo gusto.

C. Cordié